domingo, 4 de octubre de 2020

Sobre la tumba de San Francisco el Papa firma "Fratelli Tutti"

Celebró la misa y firmó su tercera encíclica.



Por: Debora Donnini | Fuente: Vatican News



Es un lugar pequeño, un lugar de recogimiento, pero visitado cada año por miles de personas de los 4 rincones del mundo. 

En la cripta de la Basílica inferior, el Papa Francisco celebra la Misa y al final, sobre la tumba del Pobrecillo de Asís, firma su tercera Encíclica, 

"Fratelli tutti", dedicada a la fraternidad y a la amistad social, valores esenciales para devolver la esperanza y el impulso a una humanidad herida incluso por la pandemia de Covid-19. Una Encíclica que toma su nombre de las palabras escritas por San Francisco y que será presentada mañana.

El Papa no dio la homilía. Es la oración, el silencio, la sencillez lo que marca esta visita que, a petición del Papa por la situación de salud, se realiza sin ninguna participación de los fieles siguiendo las palabras de la liturgia dedicada a San Francisco, en la víspera de la fiesta del Poverello. Inmediatamente antes de la firma, el Papa quiso agradecer a la Primera Sección de la Secretaría de Estado que trabajó en la redacción y traducción de la Encíclica.

“Firmaré ahora la Encíclica que lleva al altar Monseñor Paolo Braida, encargado de las traducciones y de los discursos del Papa, en la Primera Sección. Él supervisa todo y por eso quería que estuviera presente aquí hoy y me trajera la encíclica. Además, dos traductores vinieron con él: el P. Antonio, traductor de la lengua portuguesa: tradujo del español al portugués; y el P. Cruz, que es español, y supervisó un poco las otras traducciones del español original. Lo hago como signo de gratitud a toda la Primera Sección de la Secretaría de Estado que ha trabajado en esta redacción y traducción”.

El Papa Francisco había llegado a primera hora de la tarde al Sacro Convento, adyacente a la Basílica que desde 1230 guarda los restos del santo umbro cuyo nombre lleva. Para darle la bienvenida, estuvo el custodio del Sagrado Convento de Asís, el padre Mauro Gambetti. A la celebración eucarística asistieron también una veintena de frailes, algunos religiosos, junto con el obispo de la diócesis, Domenico Sorrentino, y el cardenal Agostino Vallini, legado pontificio para las basílicas de San Francisco y Santa María de los Ángeles en Asís. Esta es la cuarta vez que el Papa Francisco ha ido a Asís.



sábado, 26 de septiembre de 2020

Una encíclica para todos los hermanos y hermanas

 El texto se publicará el 4 de octubre.



Por: Andrea Tornielli | Fuente: Vatican News



"Hermanos todos" es el título que el Papa ha establecido para su nueva encíclica dedicada, como leemos en el subtítulo, a la "fraternidad" y a la "amistad social". El título original en italiano permanecerá como tal -y por lo tanto no será traducido- en todos los idiomas en los que el documento será distribuido. Como es bien sabido, las primeras palabras de la nueva "carta circular" (este es el significado de la palabra "encíclica") están inspiradas en el gran Santo de Asís cuyo nombre eligió el Papa Francisco.

A la espera de conocer el contenido de este mensaje, que el Sucesor de Pedro pretende dirigir a toda la humanidad y que firmará el próximo 3 de octubre sobre la tumba del santo, en los últimos días hemos asistido a discusiones sobre el único dato disponible, a saber, el título y su significado. Como es una cita de San Francisco (que se encuentra en las Admoniciones, 6, 1: FF 155), el Papa obviamente no la ha cambiado. Pero sería absurdo pensar que el título, en su formulación, contiene alguna intención de excluir de los destinatarios a más de la mitad de los seres humanos, a saber, las mujeres.

Por el contrario, Francisco eligió las palabras del santo de Asís para inaugurar una reflexión que le interesa mucho sobre la fraternidad y la amistad social y, por lo tanto, tiene la intención de dirigirse a todas sus hermanas y hermanos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que pueblan la tierra. A todos, de una manera inclusiva y nunca exclusiva. Vivimos en una época marcada por la guerra, la pobreza, la migración, el cambio climático, la crisis económica, la pandemia: reconocernos a nosotros mismos como hermanos y hermanas, reconocer en quiénes nos encontramos un hermano y una hermana; y para los cristianos, reconocer en el otro quién sufre el rostro de Jesús; es una forma de reafirmar la irreductible dignidad de todo ser humano creado a imagen de Dios. Y es también una manera de recordarnos que de las dificultades actuales nunca podremos salir solos, uno contra otro, Norte contra Sur, rico contra pobre. O separados por cualquier otra diferencia de exclusión.

El pasado 27 de marzo, en medio de la pandemia, el Obispo de Roma rezó por la salvación de todos en una vacía plaza de San Pedro, bajo una lluvia torrencial, acompañado sólo por la mirada dolorosa del Crucifijo de San Marcelo y la mirada amorosa de Maria Salus Populi Romani. "Con la tormenta -dijo Francesco- se ha caído el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros 'egos' siempre preocupados por nuestra propia imagen, y se ha descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos escapar: la pertenencia como hermanos". El tema central de la carta papal es esta "bendita pertenencia común" que nos hace hermanos y hermanas.

La fraternidad y la amistad social, los temas indicados en el subtítulo, indican lo que une a hombres y mujeres, un afecto que se establece entre personas que no son parientes de sangre y que se expresa a través de actos de benevolencia, con formas de ayuda y acciones generosas en tiempos de necesidad. Un afecto desinteresado hacia otros seres humanos, sin importar la diferencia y la pertenencia. Por esta razón no hay posibles malentendidos o lecturas parciales del mensaje universal e inclusivo de las palabras "Hermanos todos".

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

El Papa apoya un proyecto europeo para lograr una migración más humana

«Ustedes tienen un proyecto con visión de futuro».


Por: Sofía Lobos | Fuente: Vatican News



El Papa Francisco recibió en audiencia este 10 de septiembre al mediodía, en la sala Clementina del Vaticano, a una delegación de aproximadamente 50 personas representantes del proyecto europeo “Snapshots from the Borders” (Voces y experiencias de las fronteras) liderado por el alcalde de Lampedusa y Linosa, en Italia.

El objetivo general del proyecto, en el que están involucrados varios países europeos, es aumentar la conciencia y la comprensión crítica de la interdependencia mundial y las causas de las corrientes migratorias, a fin de promover el logro y el respeto de las metas de desarrollo sostenible.

Una comprensión más profunda de la migración

 
"Ustedes tienen un proyecto con visión de futuro", dijo el Papa en su discurso, destacando que con su trabajo, la red de autoridades locales y organizaciones de la sociedad civil que ha nacido a partir de esta iniciativa, "promueve una comprensión más profunda de la migración, permitiendo a las sociedades europeas dar una respuesta más humana y coordinada a los retos de la migración contemporánea".

En alusión al escenario actual de la migración que "es complejo y a menudo tiene implicaciones dramáticas", el Santo Padre afirmó que es necesario estudiar y entender mejor las interdependencias mundiales que determinan las corrientes migratorias.

No ser indiferentes ante las tragedias humanas

 "Son muchos los desafíos y nos interpelan a todos", continuó el Pontífice. "Nadie puede permanecer indiferente ante las tragedias humanas que siguen teniendo lugar en diferentes regiones del mundo. Entre ellas, a menudo se nos pide que abordemos las tragedias que tienen al Mediterráneo como escenario, un mar fronterizo, pero también un mar donde se encuentran las culturas".

Recordando sus palabras pronunciadas el pasado mes de febrero durante el encuentro de Obispos del Mediterráneo que tuvo lugar en la ciudad de Bari, Francisco reiteró que entre los que más luchan en el área del Mediterráneo, están los que "huyen de la guerra o dejan su tierra en busca de una vida digna del hombre".

Sin embargo, en medio de esta travesía, estos hermanos y hermanas se encuentran, a menudo, con un "sentimiento generalizado de indiferencia social e incluso de rechazo", por lo que el Papa alentó a "nunca aceptar que aquellos que buscan la esperanza en el mar mueran sin recibir ayuda".

Solidaridad concreta y responsabilidad compartida

 
Asimismo, frente a estos grandes globales, el Santo Padre señaló que es indispensable practicar "una solidaridad concreta y una responsabilidad compartida, tanto a nivel nacional como internacional y añadió:

“La actual pandemia ha puesto de manifiesto nuestra interdependencia: todos estamos vinculados, unos con otros, tanto en el mal como en el bien. Debemos actuar juntos, no solos”.

Por otra parte, Francisco puso en evidencia que también es esencial cambiar la forma en que vemos y contamos la migración:

“Se trata de poner a las personas, los rostros, las historias en el centro. He aquí la importancia de los proyectos, como el que promueven ustedes, que tratan de proponer diferentes enfoques, inspirados en la cultura del encuentro, que es el camino hacia un nuevo humanismo. Y cuando digo "nuevo humanismo" no lo digo sólo como una filosofía de vida, sino también como una espiritualidad y un estilo de comportamiento”.

Convertir fronteras en "ventanas" de comunión en la diversidad

 
Finalmente, el Papa recordó que las sociedades, comunidades e Iglesias, "están llamadas a ser los primeros actores de este punto de inflexión, gracias a las continuas oportunidades de encuentro que la historia les ofrece", ya que las fronteras, que siempre se han considerado como barreras de división, pueden convertirse en cambio en "ventanas", en "espacios de conocimiento mutuo, de enriquecimiento recíproco, de comunión en la diversidad".

Antes de despedirse, Francisco animó a los participantes "a seguir trabajando juntos por la cultura del encuentro y la solidaridad".

sábado, 29 de agosto de 2020

El Papa: ninguna tolerancia para el racismo, pero no a la violencia

Palabras del Papa tras la trágica muerte del Sr. George Floyd.



Fuente: Vatican News



Al final de la Audiencia General de este miércoles 3 de junio el Papa Francisco dirigió su pensamiento a los Estados Unidos, sacudido estos días por una serie de disturbios sociales tras la muerte de George Floyd, de 46 años de edad, durante su arresto en la ciudad de Minneapolis el pasado 25 de mayo.

Queridos hermanos y hermanas de los Estados Unidos, sigo con gran preocupación los dolorosos disturbios sociales que se están produciendo en su nación en estos días, tras la trágica muerte del Sr. George Floyd.

Queridos amigos, no podemos tolerar ni cerrar los ojos ante ningún tipo de racismo o exclusión y pretender defender la santidad de toda vida humana. Al mismo tiempo, debemos reconocer que "la violencia de las últimas noches es autodestructiva y provoca autolesión. Nada se gana con la violencia y mucho se pierde".

Hoy me uno a la Iglesia de San Pablo y Minneapolis, y a todos los Estados Unidos, para rezar por el descanso del alma de George Floyd y de todos los demás que han perdido sus vidas por el pecado del racismo. Rezamos por el consuelo de las familias y amigos afligidos, y rezamos por la reconciliación nacional y la paz que anhelamos. Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América, interceda por todos los que trabajan por la paz y la justicia en su tierra y en el mundo. Dios los bendiga a todos ustedes y a sus familias.

También los obispos de los Estados Unidos expresaron su comprensión por la indignación de la comunidad afroamericana, subrayando cómo el racismo haya sido tolerado demasiado tiempo, pero también cuánto la violencia sea autodestructiva. Los disturbios que sucedieron al fallecimiento de Floyd se multiplicaron en muchas ciudades de los Estados Unidos, con escenas de guerrilla urbana y protestas contra la policía, las cuales han causado más de 4 mil arrestos y el toque de queda impuesto en casi 40 ciudades.

sábado, 15 de agosto de 2020

Hoy, celebramos una conquista infinitamente más grande: La Virgen ha ido al paraíso

Ángelus del Papa, 15 de agosto de 2020


Por: Patricia Ynestroza | Fuente: Vatican News



En el rezo mariano del Ángelus, el Papa Francisco recuerda, en la fiesta de la Asunción de María al Cielo, el paso de la “pequeña Virgen de Nazaret”.

“Cuando el hombre puso un pie en la Luna, se dijo una frase que se hizo famosa: «Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad». De hecho, la humanidad había alcanzado un hito histórico. Pero hoy, en la Asunción de María al Cielo, celebramos una conquista infinitamente más grande. La Virgen ha puesto sus pies en el paraíso: no ha ido solo en Espíritu, sino también con el cuerpo, toda ella. Este paso de la pequeña Virgen de Nazaret ha sido el gran salto de la humanidad”.

El Papa señaló que de nada sirve alcanzar hitos históricos, ir a la Luna si no vivimos como hermanos en la Tierra. En cambio, saber que un ser humano, “que una de nosotros viva en el Cielo con el cuerpo nos da esperanza: entendemos que somos valiosos, destinados a resucitar. Dios no dejará desvanecer nuestro cuerpo en la nada”, afirmó.

 

La esperanza de los cristianos

 
¡Con Dios nada se pierde! Exclamó el Pontífice, en María se alcanza la meta y tenemos ante nuestros ojos la razón por la que caminamos: no para conquistar las cosas de aquí abajo, que se desvanecen, aclaró Francisco, sino para conquistar la patria allá arriba, que es para siempre. Y la Virgen es la estrella que nos orienta. Ella, afirmó, como enseña el Concilio, «precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo» (Lumen gentium, 68).

María nos guía: la estrella que nos orienta

 
El Santo Padre recuerda el Evangelio de hoy en el que la Virgen, con sus palabras, nos aconseja, poner a Dios como primera grandeza de la vida. El Evangelio lo primero que dice es «engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46), tal vez, dijo el Papa, estamos acostumbrados a escuchar estas palabras, quizá ya no hagamos caso a su significado. Pero la palabra engrandece literalmente significa “hacer grande”, engrandecer, señaló el Pontífice.

“María “engrandece al Señor”: no los problemas, que tampoco le faltaban en ese momento, sino al Señor. ¡Cuántas veces, en cambio, nos dejamos vencer por las dificultades y absorber por los miedos! La Virgen no, porque pone a Dios como primera grandeza de la vida. De aquí surge el Magnificat, de aquí nace la alegría: no de la ausencia de problemas, que antes o después llegan, sino de la presencia de Dios. Porque Dios es grande. Y mira a los pequeños. Nosotros somos su debilidad de amor”.

En su humildad, María se reconoce pequeña y exalta las «maravillas» que el Señor ha hecho en ella: sobre todo el don inesperado de la vida, expresó Francisco, María es virgen y se queda embarazada; y también Isabel, que era anciana, espera un hijo. El Señor “hace maravillas con sus pequeños, con quien no se cree grande, sino que da gran espacio a Dios en la vida. Él extiende su misericordia sobre quien confía en Él y enaltece a los humildes. María alaba a Dios por esto”, exclamó el Papa Francisco.

 

Cada uno de nosotros, ¿alabamos a Dios?

 
El Santo Padre nos pregunta a cada uno de nosotros, si no “acordamos de alabar a Dios”, si le damos las gracias por “las maravillas que hace por nosotros, por cada jornada que nos regala, porque nos ama y nos perdona siempre, por su ternura, y por habernos dado a su Madre, por los hermanos y las hermanas que nos pone en el camino, porque nos ha abierto el Cielo”. Si olvidamos el bien, nos recuerda el Papa, el corazón se encoge. En cambio, si recordamos, como María, las maravillas que el Señor realiza, si al menos una vez al día lo magnificamos, entonces damos un gran paso adelante. El corazón se dilatará, la alegría aumentará, afirmó Francisco.



sábado, 8 de agosto de 2020

El Papa a las Franciscanas Mínimas del Sagrado Corazón: sean madres para el mundo

Celebrarán el centenario del nacimiento al cielo de su fundadora.



Fuente: Vatican News



Comienza hoy un año jubilar en la memoria litúrgica de la beata María Margarita Caiani, religiosa toscana fallecida el 8 de agosto de 1921, después de haber dado nacimiento a la Congregación de las Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón dedicada a la formación de la juventud y al cuidado de los enfermos. 

En 2021, pues, se cumplirán cien años de que la Familia, nacida e inspirada por la beata, vive y trabaja, y Francisco, en vista de este importante aniversario, escribe sus deseos a sus hijas espirituales, para acompañarlas en la preparación del año jubilar. En primer lugar, la suya es una recomendación para encarnar, en el presente, la especificidad del carisma, "perfumando el mundo con el don de la vida", y así afrontar los nuevos retos sin encerrarse en el pasado.

"Mi deseo es que este año – escribe el Papa - sea una ocasión para que toda la Congregación recuerde la vida y las enseñanzas de la Fundadora, así como estos casi ciento veinte años de camino, mirando también a los desafíos del futuro. 

Es una gracia tener un corazón agradecido y reconciliado con el ayer y los ojos llenos de esperanza en el mañana; ¡ay de refugiarse en un pasado que ya no es o en un mañana que aún no es, huyendo del hoy en el que estamos llamados a vivir y a trabaja! Este aniversario les llama a encarnar en nuestro tiempo las especificidades de su carisma. Que el Espíritu Santo, que lo suscitó a principios del siglo pasado, les dé la fuerza para redescubrir su frescura y la capacidad de seguir perfumando el mundo con el don de su vida”.

El estilo de la pequeñez

 
En el mensaje el Santo Padre se detiene en el nombre, "franciscanas mínimas del Sagrado corazón", y dice:

La Madre Caiani, llamándoles Mínimas, quiso resaltar cómo debe ser el estilo de su vida: el estilo de la pequeñez. Esto se confirmó con el injerto del Instituto en el árbol de la gran familia franciscan: se colocaron en la escuela de San Francisco para seguir mejor al Señor, que "se hizo pequeño, eligió este camino", el de “humillarse y humillarse hasta la muerte en la cruz".

Se trata, dice el Pontífice, de un camino “que hay que recorrer todos los días”: un sendero estrecho y arduo, que, si uno lo sigue hasta el final, "la vida se vuelve fructífera", como lo fue "para la Virgen María, mirada por el Altísimo precisamente porque era humilde, pequeña", convirtiéndose así "en la Madre de Dios".

Una vida en perfecta unión con Dios

 
Las hermanas de la Madre Caiani son "Mínimas" y "del Sagrado corazón". En esta segunda especificación Francisco señala dos rasgos: la ternura, propia del amor cercano y concreto con el que Jesús ama, y luego la pertenencia. El Papa escribe:

"El Señor les ha donado la vida, les ha generado la fe y les ha llamado a sí en la vida consagrada atrayéndoles a su corazón. Esta pertenencia se manifiesta de una manera particular en la oración. Toda nuestra vida está llamada, con la gracia del Espíritu, a convertirse en oración. Por eso debemos permitir que el Señor permanezca siempre unido a nosotros. Y así nos transforma, día tras día, haciendo nuestro corazón cada vez más similar al suyo”.

Así, dice Francisco, "sea su vida": en perfecta unión con Dios. Que su “ir al Señor”, sea “lleno de alegría, la alegría del niño que corre a sus padres para abrazarlos y besarlos”. “Impulsadas por el Sagrado Corazón -añade - , serán madres para los hermanos y hermanas que encuentren de la cuna a la tumba, como decía la Beata María Margarita. Anunciarán con alegría que el Señor siempre nos mira con misericordia, tiene un corazón misericordioso”.

Gestos capaces de hacer el mundo más bello

 
Francisco también habló del carisma de las religiosas que tiene “una dimensión reparadora”: “ustedes, con sus oraciones y sus pequeños gestos, siembran en el campo del mundo la semilla del amor de Dios que hace nuevas todas las cosas”. Y recordó, por último, las numerosas obras de las religiosas en países como Italia, Brasil, Egipto, Sri Lanka y Belén: “gestos”, dice el Papa, “capaces de hacer el mundo más bello, de iluminarlo con un rayo de amor de Dios”.



sábado, 1 de agosto de 2020

El infierno de los campos de refugiados




“Todo lo que hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”, ya sea “para bien o para mal”. Así lo recordó el Papa Francisco en su homilía en la Misa del pasado 8 de julio, en el 7º Aniversario de su visita a Lampedusa. “Esta advertencia es hoy de ardiente actualidad”, dijo, afirmando, por otra parte, que lo que está pasando hoy con Libia: nos dan una versión “destilada” de la realidad.