Discurso a una conferencia internacional convocada por el Consejo para la Pastoral de la Salud
CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 18 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha pedido que se logre un justo equilibrio "entre insistir y desistir" en las terapias administradas a los niños gravemente enfermos. En todo caso, ha exigido que no se haga con ellos experimentos y que se les trate siempre con todo amor.
Fue la consigna que dejó este sábado al recibir en audiencia a los participantes en la conferencia internacional organizada por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud sobre "La solicitud pastoral en el cuidado de los niños enfermos", que se celebró en el Vaticano del 13 al 15 de noviembre.
"La investigación médica se encuentra a veces ante opciones difíciles cuando se trata, por ejemplo, de lograr un justo equilibrio entre insistir y desistir en la terapia para asegurar los tratamientos adecuados a las necesidades reales de los pequeños pacientes, sin caer en la tentación de hacer experimentos con ellos", constató el Papa.
"No es superfluo recordar que la razón de cada intervención médica debe ser la consecución del verdadero bien para el niño, considerando su dignidad como sujeto humano con plenos derechos", aseguró, en respuesta a las palabras que le dirigió en nombre de los presentes el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud.
"Por lo tanto --añadió--, hay que cuidarlo siempre con amor para ayudarlo a afrontar el sufrimiento y la enfermedad, incluso antes del nacimiento, en la medida adecuada a su situación".
El pontífice reconoce que es necesario tener en cuenta "el impacto emocional, debido a la enfermedad y a los tratamientos a los que el niño es sometido, que a menudo son particularmente invasivos, es importante asegurar una comunicación constante con la familia".
"Si los agentes sanitarios, médicos y enfermeros, sienten el peso del sufrimiento de los pequeños pacientes, ¡es posible imaginar cuán grande es el dolor experimentado por los padres!", exclamó el obispo de Roma.
Por este motivo, reconoció que "no hay que separar nunca el aspecto sanitario y el humano".
"Toda institución asistencia y sanitaria, sobre todo si está animada por un genuino espíritu cristiano, tiene el deber de ofrecer lo máximo de su competencia y humanidad", indicó.
"El enfermo, de manera especial el niño, comprende particularmente el lenguaje de la ternura y del amor, expresado a través de un servicio lleno de atenciones, paciente y generoso, alentado en los creyentes por el deseo de manifestar la misma predilección que sentía Jesús por los pequeños", concluyó.
Puede leerse el discurso completo en la sección de Documentos de la página web de www.zenit.org (Cf. Benedicto XVI: La solicitud en el cuidado de los niños enfermos).
Agradeció con emoción la ciudadanía honoraria de Mariazell
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 22 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso pronunciado el miércoles por Benedicto XVI y hecho público este jueves, al recibir la ciudadanía honoraria de la localidad austríaca de Mariazell, en presencia del Alcalde, Helmut Pertl, del obispo de Graz-Seckau, monseñor Egon Kapellari, y del rector del santuario de Mariazell, padre Karl Schauer, O.S.B
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Excelencia
querido monseñor Kapellari,
señor Alcalde,
querido padre Karl,
queridos amigos.
No consigo nombrar a todos aquellos a quienes debería citar --al señor embajador, naturalmente...--. En este momento sólo consigo decir sencillamente un gracias de corazón y a responder con un "Vergelt's Gott" ("El Señor os haga mérito"). Estoy contento de ser un ciudadano de Mariazell y de poder así vivir cerca de la Madre de Dios. Obviamente, me han vuelto a la mente las dos visitas que usted ha mencionado: en el 2004, con los notables europeos y con un tiempo espléndido. Juntos pudimos percibir lo que Europa ha sido capaz de construir y de donde procede todo aquello que hoy forma su identidad, y a través de qué Europa podrá volver siempre de nuevo a ser ella misma: a través del encuentro con el Señor, al cual nos conduce su Madre. Precisamente, en la Madre sentimos que Dios se ha hecho hombre. Y así hemos percibido la alegría de estar juntos, la fuerza de nuestras raíces y con ella también la posibilidad de un nuevo futuro juntos.
Durante la visita pastoral, por el contrario, llovió, pero yo creo que precisamente la lluvia nos hizo estar aún más unidos y más cercanos, la lluvia nos ha acercado y nos ha dado esa sensación de "unión" y más aún, de "unión con el Señor y su Madre". Monseñor Kapellari acuñó entonces la expresión: "los católicos están a prueba de lluvia"; pudimos constatar que aquello era cierto, y en la lluvia nació la alegría. Nos dimos cuenta de que a veces puede ser positivo estar bajo la lluvia, que la lluvia puede ser una gracia --el director de L'Osservatore Romano acuñó a su vez la expresión "lluvia de gracias" (en italiano en el discurso, n.d.t.)--: fue una lluvia de gracias; nos dimos cuenta de que a veces, en la historia, puede ser útil "estar bajo la lluvia", porque uno consigue encontrarse en el momento justo para hacer la cosa justa.
Mariazell es mucho más que un "lugar": es la actualización de la historia viva de una peregrinación de fe y de oración durante los siglos, y en esta peregrinación de la oración durante los siglos -una peregrinación que se percibe formalmente, físicamente- no están solamente las oraciones y las invocaciones de los hombres, sino que está presente también la realidad de una respuesta: sentimos que la respuesta existe, que no alargamos la mano hacia algo desconocido, sino que Dios existe, y que a través de su Madre quiere estar particularmente cercano a nosotros. Este sentimiento de gratitud nos envuelve y por esto estoy contento de ser de casa con el corazón, y también ahora de derecho, por así decirlo, en Mariazell.
Según las previsiones humanas, en esta vida no podré volver a peregrinar allí físicamente, pero ahora vivo allí de verdad y en este sentido estoy presente siempre. En los paseos que hago en los paisajes de los recuerdos, vuelvo siempre a hacer una parada en Mariazell, precisamente porque siento que allí la Madre nos sale al encuentro y nos reune a todos. La Virgen de Mariazell tiene nombre imponentes - Magna Mater Austriae, Domina Magna Hungarorum, Magna Mater gentium slavorum - y estos grandes títulos expresan como, allí donde los hombres vienen donde la Madre y el Padre, allí se convierten en hermanos, allí nace la unidad: se percibe que esto emana una fuerza que forma la unidad y a partir de aquí se puede construir la comunión. Y sobre todo: ella es la Magna Mater, pero su grandeza de manifiesta precisamente en el hecho de que Ella se dirige a los pequeños y está presente para los pequeños, que podemos acudir a ella en cualquier momento, sin tener que pagar ningún billete de entrada, simplemente llevando el corazón. Aprendamos de ella, de este modo, lo que es verdaderamente "grande": no el hecho de ser "inalcanzable", no la majestad exterior, sino la bondad del corazón que ofrece a todos la experiencia de lo que significa "estar juntos".
Por eso, para concluir, os digo una vez más de corazón "Vergelt's Gott" y muchas gracias por haber hecho de mí un ciudadano de Mariazell: esto permanecerá profundamente enraizado en mi corazón. Querido monseñor Kapellari, queridos Profesores, quizás habría debido decir también algo por el libro, ¡pero la Virgen es tan grande que en ella hemos incluido también el libro! ¡Muchas gracais por todo!
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez
Benedicto XVI ha exhortado a todos los creyentes a apoyar a las comunidades religiosas de hombres y mujeres dedicadas a la oración.
Hizo su llamamiento después de haber rezado a mediodía de este domingo la oración mariana del Ángelus al recordar que el 21 de noviembre, memoria litúrgica de la Presentación de María en el Templo, se celebrará la Jornada pro Orantibus, por las comunidades religiosas de clausura.
"Demos gracias al Señor por las hermanas y hermanos que han abrazado esta misión, dedicándose totalmente a la oración y viven de lo que reciben de la Providencia".
"Recemos también nosotros por ellos y por las nuevas vocaciones, y comprometámonos a apoyar los en sus necesidades materiales".
El Papa se dirigió en particular a los hombres y mujeres contemplativos para asegurarles: "vuestra presencia en la Iglesia y en el mundo es indispensable".
"¡Estoy junto a vosotros y os bendigo con gran afecto!", concluyó.
Algo menos de 50.000 religiosas en todo el mundo forman parte de las comunidades de clausura. El número de los religiosos es muy inferior.
“No son propiedad privada de los padres, estos deben ayudarle a ser hijo de Dios”
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 11 de enero de 2009 (ZENIT.org).-
El Papa explicó la importancia del bautismo de los niños, al bautizar hoy a 13 bebés en la Capilla Sixtina, como es tradición en la Solemnidad del Bautismo del Señor, y afirmó que con él “restituimos a Dios lo que ha venido de Él”.
“El niño no es propiedad de los padres, sino que ha sido confiado por el Creador a su responsabilidad, libremente y de una forma siempre nueva, para que éstos le ayuden a ser un libre hijo de Dios”, explicó el Papa.
Sobre estos niños, afirmó, “se posa hoy el 'complacimiento' de Dios”.
“Desde cuando el Hijo unigénito del Padre se hizo bautizar, el cielo se ha abierto realmente y sigue abriéndose, y podemos confiar cada nueva vida que nace en las manos de Aquel que es más poderoso que los poderes oscuros del mal”, recalcó el Papa.
En primer lugar, Benedicto XVI señaló la importancia de que Dios se haya hecho un niño pequeño, que es precisamente el centro de la celebración del tiempo litúrgico de Navidad que se cierra con la Solemnidad del Bautismo del Señor.
“El Creador ha asumido en Jesús las dimensiones de un niño, de un ser humano como nosotros, para poderse hacer ver y tocar. Al mismo tiempo, abajándose hasta la impotencia inerme del amor, Él nos muestra qué es la verdadera grandeza, es más, qué quiere decir ser Dios”, afirmó.
Agradeciendo la oportunidad de poder bautizar en esta ocasión, el Papa hizo notar sobre todo la importancia del papel de los padres y de los padrinos para hacerles comprender un día el sacramento que han recibido.
“Sólo si los padres maduran esta conciencia conseguirán encontrar el justo equilibrio entre la pretensión de poder disponer de los propios hijos como si fueran una propiedad privada, plasmándolos en base a las propias ideas y deseos, y la postura libertaria que se expresa en dejarlos crecer en autonomía plena, satisfaciendo cada uno de sus deseos y aspiraciones”, explicó.
Por otro lado, bautizar a los niños pequeños, explicó el Papa, no es “hacerles violencia”, sino “darles la riqueza de la vida divina en la que se enraiza la verdadera libertad que es propia de los hijos de Dios”.
Esta libertad, añadió, “deberá ser educada y formada con el madurar de los años, para que los haga capaces de elecciones personales responsables”.
Respecto a la educación en la fe del pequeño, el Papa explicó que “si con este sacramento, el bautizando se convierte en hijo adoptivo de Dios, objeto de su amor infinito que lo tutela y defiende de las fuerzas oscuras del maligno, es necesario enseñarle a reconocer a Dios como su Padre y a saberse relacionar con Dios con actitud de hijo”.
Además, el bautismo, recalcó, introduce a los niños en “una nueva familia, más grande y estable, más abierta y numerosa que la vuestra: me refiero a la familia de los creyentes, a la Iglesia, una familia que tiene a Dios por Padre y en la que todos se reconocen hermanos en Jesucristo”.
Confiando estos niños “a la bondad de Dios, que es potencia de luz y de amor”, éstos “aún en las dificultades de la vida, no se sentirán nunca abandonados, si permanecen unidos a Él”.
“Preocupaos por tanto de educarlos en la fe, de enseñarles a rezar y a crecer como hacía Jesús y con su ayuda, en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres”, concluyó.
Después, durante su alocución durante el rezo del Ángelus, el Papa volvió a señalar la importancia de este sacramento, por el cual el hombre “recibe la vida eterna”.
“¡Qué grande es el don del Bautismo! Si nos diéramos cuenta plenamente, nuestra vida se convertiría en un 'gracias' continuo”, exclamó.
Para los padres cristianos, es una “gran alegría” y una “gran responsabilidad”, tras “ver surgir de su amor a esta nueva criatura, llevarla a la fuente bautismal y verla renacer del seno de la Iglesia, para una vida que nunca tendrá fin”.
“Esta es la estupenda realidad: la persona humana, mediante el Bautismo, se inserta en la relación única y singular de Jesús con el Padre, de forma que las palabras que resonaron en el cielo sobre el Hijo Unigénito se hacen verdaderas para cada hombre y toda mujer que renacen del agua y del Espíritu Santo: Tu eres mi Hijo, el amado”, añadió.
Reflexión sobre la Solemnidad del Bautismo del Señor
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 11 de enero de 2008 (ZENIT.org).-
El sacramento del bautismo es el camino, el puente que Dios ha establecido para encontrarse con el hombre. Así lo afirmó hoy el Papa Benedicto XVI durante la homilía con motivo de la Solemnidad del Bautismo del Señor, celebrada esta mañana en la Capilla Sixtina, y durante la cual bautizó a 13 niños.
Con esta fiesta, con la que concluye el tiempo litúrgico de la Navidad, “el Señor no se cansa de repetirnos: 'Sí, estoy aquí. Os conozco. Os amo. Hay un camino que viene de mí a vosotros. Y hay un camino que desde vosotros sube hasta mí'”, explicó el Papa.
El pontífice explicó que con esta fiesta, “Jesús nos introduce, podríamos decir, en la cotidianeidad de una relación personal con Él. De hecho, mediante la inmersión en las aguas del Jordán, Jesús se ha unido a nosotros”.
“El Bautismo es por así decirlo el puente que Él ha construido entre sí y nosotros, el camino por el que se nos hace accesible; es el arco iris divino sobre nuestra vida, la promesa del gran sí a Dios, la puerta de la esperanza y, al mismo tiempo, el signo que nos indica el camino a recorrer de forma activa y alegre para encontrarlo y sentirnos amados por él”, añadió.
El Papa explica el gesto de Jesús, que “confundido entre la gente, se presenta para ser bautizado”, tiene una importante consecuencia para el hombre en su relación con Dios.
“Desde cuando el Hijo unigénito del Padre se hizo bautizar, el cielo se ha abierto realmente y sigue abriéndose, y podemos confiar cada nueva vida que nace en las manos de Aquel que es más poderoso que los poderes oscuros del mal”, explicó.
Este acontecimiento marca un nuevo comienzo para toda la humanidad, afirmó el Papa, “que se cumplirá plenamente con la muerte en cruz y resurrección” de Jesús.
Hasta entonces, el bautismo era signo de penitencia, algo “muy distinto” del sacramento, por el cual “no nos sumergimos sencillamente en las aguas del Jordán para proclamar nuestro empeño de conversión, sino que se infunde en nosotros la sangre redentora de cristo que nos purifica y nos salva”.
Después, durante el rezo del Ángelus, el Papa volvió sobre el argumento, explicando que este acto “fue el primer acto de su vida pública, narrado en los cuatro Evangelios”.
Al explicar el pasaje evangélico, el Papa afirmó que “con estas palabras: 'Tu eres mi hijo amado' se revela qué es la vida eterna: es la relación filial con Dios, tal y como Jesús la vivió y nos la ha revelado y entregado”.
“Es el Hijo amado del Padre, en el que Él se ha complacido, el que nos devuelve la dignidad y la alegría de llamarnos y ser realmente 'hijos' de Dios”, concluyó
El Rabinato de Israel, tras el caso Williamson, agradece la intervención del Papa
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 28 de enero de 2009 (ZENIT.org).-
“Que la Shoah sea para todos una advertencia contra el olvido”, afirmó hoy Benedicto XVI, al término de la Audiencia general, reevocando la conmemoración de los hebreos masacrados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
El 27 de enero, de hecho, gracias a una Resolución aprobada el 1 de noviembre de 2005 en las Naciones Unidas, con el decidido apoyo de la Santa Sede, fue declarado Jornada internacional de conmemoración de las víctimas del Holocausto.
En estos días se recuerda la liberación en 1945, por parte del ejército soviético, de Auschwitz-Birkenau (Polonia), el principal campo de concentración nazi.
El Papa, en un comunicado al término de la Audiencia, afirmó: “me vuelven a la memoria las imágenes recogidas en mis repetidas visitas a Auschwitz, uno de los lager en los que se consumó la brutal masacre de millones de hebreos, víctimas inocentes de un ciego odio racial y religioso”.
Por esto, añadió, “Mientras renuevo con afecto la expresión de mi total e indiscutible solidaridad con nuestros Hermanos destinatarios de la Primera Alianza, auguro que la memoria de la Shoah induzca a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal cuando conquista el corazón del hombre”.
“Que la Shoah sea para todos advertencia contra el olvido, contra la negación o el reduccionismo, porque la violencia hecha contra un solo ser humano es violencia contra todos”, advirtió.
“Ningún hombre el una isla”, añadió el Papa, citando los versos del poeta inglés John Donne (1571-1631).
“Que la Shoah enseñe especialmente tanto a las viejas como a las nuevas generaciones -prosiguió el Papa- que sólo el fatigoso camino de la escucha y del diálogo, del amor y del perdón, conduce a los pueblos, las culturas y las religiones del mundo al deseado encuentro de la fraternidad y de la paz en la verdad”.
“¡Nunca más la violencia humille la dignidad del hombre!”, exclamó al final.
Las palabras pronunciadas hoy por Benedicto XVI, y expresadas “ya en diversas ocasiones” en el pasado, “deberían ser más que suficientes para responder a las preguntas de quien expresa dudas sobre la postura del Papa y de la Iglesia católica sobre la cuestión”, comentó el Director de la Sala Stampa vaticana, padre Federico Lombardi, inmediatamente después de la Audiencia General.
Las palabras del portavoz de la Santa Sede, recogidas por Radio Vaticano, llegan después de varios días de polémicas, mientras los medios de comunicación internacionales se hacían eco de ciertos rumores publicados por el “Jerusalem Post” sobre una posible ruptura de relaciones entre el Rabinato de Israel con al Iglesia católica.
El caso estalló tras las controvertidas declaraciones a la televisión pública sueca por monseñor Richard Williamson – uno de los cuatro obispos ordenados en 1988 por monseñor Marcel Lefebvre, a quienes les ha sido revocada recientemente la excomunión- negando la existencia de las cñamaras de gas en los campos de concentración, y reduciendo a unos 300.000 el número de hebreos asesinados durante la Segunda Guerra Mundial.
El diario israelí había señalado la intención del Rabinato de Israel de interrumpir “indefinidamente” las relaciones oficiales con el Vaticano y de cancelar además un encuentro con la Comisión para las Relaciones Religiosas de la Santa Sede, previsto del 2 al 4 de marzo próximos en Roma.
El padre Lombardi concluyó con el deseo de que “las dificultades presentadas por el Rabinato de Israel puedan ser objeto de una ulterior y más profunda reflexión, en diálogo con la Comisión para las Relaciones con el Judaísmo del Consejo para la Unidad de los Cristianos, de modo que el diálogo de la Iglesia católica con el hebraísmo pueda seguir adelante con fruto y serenidad”.
En una entrevista concedida hoy a Sky Tg24, el Director general del Rabinato de Israel, Oded Wiener, afirmó en cambio: “No hemos interrumpido las relaciones con el Vaticano, también porque creo que es fundamental tanto para nosotros como para el Vaticano mismo”.
“Esta cuestión tan importante deberá sin embargo ser discutida -precisó-. Hemos pospuesto este encuentro hasta que no hablemos de todo ello con las personas de la Santa Sede y discutamos cómo retomar nuestras relaciones”.
“Seguramente en este ámbito tan sensible y en un periodo histórico tan importante, todo el mundo hebreo está conmocionado por esta cuestión”, observó.
Sobre las palabras de condena de Benedicto XVI sobre el negacionismo del Holocausto, Wiener subrayó: “En primer lugar creo que la declaración del Papa de esta mañana ha sido extremadamente importante, para nosotros y para el mundo entero. No hay lugar para personas como Williamson que niegan la existencia del Holocausto”.
“Creo que ha sido un gran paso adelante -añadió- y una importante declaración para resolver esta cuestión, aunque debemos aún discutir junto con los miembros de la Comisión de la Santa Sede y del gobierno de Israel sobre qué puede añadirse para poner fin a este problema”.
Como ulterior signo de distensión, el Embajador israelí ante la Santa Sede, Mordechay Lewy, en declaraciones publicadas por “Apcom” se ha declarado “muy contento de una declaración de tan alto nivel por parte de la Santa Sede que aclara y ayuda a superar los equívocos”.
“Pienso que es equivocado, ahora, personalizar la cuestión concentrándose en un único obispo”, precisó Lewy.
Respecto a la intención de Benedicto XVI de viajar a Tierra Santa el próximo mes de mayo, el Embajador israelí ha subrayado que “el Papa es bienvenido en Israel hoy, como era bienvenido ayer y anteayer”.
[Por Mirko Testa, traducción del italiano por Inma Álvarez]
Benedicto XVI ha escrito una carta al filósofo y senador italiano Marcello Pera para agradecer la contribución que ofrece en su último libro dedicado a exponer que el fundamento del liberalismo se encuentra en la relación de la persona con Dios.
El volumen, que lleva por título "Por qué tenemos que decirnos cristianos. El liberalismo, Europa, la ética" ("Perché dobbiamo dirci cristiani. Il liberalismo, l'Europa, l'etica", Mondadori, Milán, 2008), será presentado este jueves en Roma.
Tras confesar que ha sido "una lectura fascinante", el Papa aplaude el análisis que hace del liberalismo "a partir de sus fundamentos, mostrando que en la esencia del liberalismo se encuentra el enraizamiento en la imagen cristiana de Dios: su relación con Dios, de quien el hombre es imagen y de quien hemos recibido el don de la libertad".
Marcello Pera (Lucca, 28 de enero de 1943), presidente del Senado italiano en la última legislatura, dedicó su investigación académica al filósofo austriaco Karl Popper, teórico de la "sociedad abierta", de quien era amigo personal.
"Con una lógica irreprochable, usted muestra cómo el liberalismo pierde su base y se destruye a sí mismo si abandona este fundamento", reconoce el obispo de Roma.
El Papa también manifiesta su admiración por el análisis que hace el filósofo de la libertad y la multiculturalidad, en el que "muestra la contradicción interna de este concepto y, por tanto, su imposibilidad política y cultural".
"Es de importancia fundamental su análisis sobre lo que pueden ser Europa y una Constitución europea en la que Europa no se transforme en una realidad cosmopolita, sino que encuentre, a partir de su fundamento cristiano-liberal, su propia identidad", señala.
El Santo Padre se detiene también en el análisis del senador sobre los conceptos de diálogo interreligioso e intercultural.
"Usted explica con gran claridad que un diálogo interreligioso en el sentido estricto de la palabra no es posible, mientras que es particularmente urgente el diálogo intercultural, que profundiza en las consecuencias culturales de la decisión religiosa de fondo".
"Si bien sobre esta última un verdadero diálogo no es posible sin poner entre paréntesis la propia fe, es necesario afrontar en el debate público las consecuencias culturales de las decisiones religiosas de fondo", indica.
El Papa considera que las propuestas de Pera son necesarias para superar "la crisis contemporánea de la ética".
"Usted muestra que el liberalismo, sin dejar de ser liberalismo, más bien, para ser fiel a sí mismo, puede referirse a una doctrina del bien, en particular a la cristiana, que le es familiar, ofreciendo así verdaderamente una contribución para superar la crisis", indica.
Liberalismo anticristiano
En una entrevista concedida a Radio Vaticano (28 de noviembre de 2008), Pera explica los motivos por los que el liberalismo en ocasiones se ha convertido en anticristiano.
"Por lo que se refiere a Europa, en particular, se da una explicación histórica --indica--. Muchos se han encontrado con frecuencia en conflicto con la Iglesia católica, y es un hecho amargo de la historia de Europa que no se da en la historia de los Estados Unidos".
"Algunos estados nacionales -Italia, Francia...--, se han constituido como estados-nación con una lucha, con una disputa en contra de la Iglesia católica", recuerda.
"Esto ha generado lo que es conocido como el fenómeno del anticlericalismo, y el anticlericalismo ha generado otro: lo que llamo en el libro la 'ecuación laica', es decir, 'liberal = no cristiano'".
"Esto es un error, pues se puede discutir históricamente sobre los méritos y deméritos de la Iglesia católica en Europa en los momentos de la fundación de los estados nacionales, pero no se puede discutir la importancia del mensaje cristiano", indica.
Si se opta por el anticristianismo, lo que Pera llama "la apostasía del cristianismo", "perdemos las mismas virtudes, los mismos fundamentos de esas libertades y esos derechos sobre los que se fundan nuestros estados liberales".
La carta del Papa a Pera puede leerse en la sección de Documentación de la página web de ZENIT (www.zenit.org).