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domingo, 1 de marzo de 2009

San Pablo, el “emigrante por vocación” que no hacía distinción de personas, según el Papa


Benedicto XVI propone al Apóstol como referencia en la era de la globalización

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 8 de octubre de 2008 (ZENIT.org).-

El Papa propone a San Pablo, “emigrante por vocación”, como punto de referencia para los cristianos a la hora de acoger a los hombres “de toda raza y condición”, en la sociedad globalizada actual, en el mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado, que se celebrará el próximo 18 de enero de 2009.

El Mensaje se dio a conocer hoy en rueda de prensa en el Vaticano, por parte del cardenal Renato Martino y de monseñor Agostino Marchetto, presidente y secretario respectivamente del Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes.

El título del mensaje del Papa para la próxima es “San Pablo migrante, 'Apóstol de los pueblos'”, y en él, Benedicto XVI explica que tras su conversión, el santo “proclamaba primero el Evangelio en las sinagogas, dirigiéndose ante todo a sus compatriotas en la diáspora. Si estos lo rechazaban, se volvía a los paganos, convirtiéndose en auténtico 'misionero de los emigrantes', emigrante él mismo y embajador itinerante de Jesucristo”.

“Guiado por el Espíritu Santo, se prodigó sin reservas para que se anunciara a todos, sin distinción de nacionalidad ni de cultura, el Evangelio”, añade. “Su vida y su predicación estuvieron totalmente orientadas a hacer que Jesús fuera conocido y amado por todos, porque en él todos los pueblos están llamados a convertirse en un solo pueblo”.

El secreto de Pablo, explica el pontífice, era su “celo apostólico”, por el que “ninguna dificultad le impidió proseguir su valiente acción evangelizadora en ciudades cosmopolitas como Roma y Corinto, que en aquel tiempo estaban pobladas por un mosaico de etnias y culturas”.

En este sentido, “san Pablo, 'emigrante por vocación', constituyen un punto de referencia significativo también para quienes se encuentran implicados en el movimiento migratorio contemporáneo”.

Según el Papa, “también en la actualidad, en la era de la globalización, esta es la misión de la Iglesia y de todos los bautizados, una misión que con atenta solicitud pastoral se dirige también al variado universo de los emigrantes”.

Es necesario por tanto que los cristianos tengan hoy “la misma actitud” y el mismo “fervor apostólico” que san Pablo, para “proponer el mensaje de la salvación teniendo en cuenta las diversas situaciones sociales y culturales, y las dificultades particulares de cada uno como consecuencia de su condición de emigrante e itinerante”.

“Que su ejemplo nos sirva de estímulo también a nosotros para que seamos solidarios con estos hermanos y hermanas nuestros, y promovamos, en todas las partes del mundo y con todos los medios posibles, la convivencia pacífica entre las diversas etnias, culturas y religiones”, concluye el Papa.

[Por Inma Álvarez]

domingo, 25 de enero de 2009

Benedicto XVI explica por qué no hay que temer al futuro


Presenta en la audiencia general las enseñanzas de san Pablo

CIUDAD DEL VATICANO, (ZENIT.org).- El cristiano no tiene miedo del futuro ni del fin del mundo, pues Cristo está a su lado, asegura Benedicto XVI.

El Papa dedicó la catequesis de la audiencia general de este miércoles continuar con el ciclo sobre san Pablo, centrándose en esta ocasión en las enseñanzas paulinas sobre la escatología y la vida más allá de la muerte.

Explicó que, ante el futuro y en particular ante la espera de la parusía, es decir, de la última venida del Señor, los cristianos deben tener tres actitudes: la ausencia del miedo, la esperanza y la confianza en la misericordia de Dios.

Respecto a la primera actitud, el obispo de Roma afirmó que uno de los efectos esenciales de la predicación cristiana en el mundo antiguo, como también en el mundo pagano actual, de las religiones naturales era "liberar del miedo", ese "miedo a los espíritus, a los poderes nefastos que nos amenazan".

"Cristo vive, ha vencido a la muerte y ha vencido a todos estos poderes. Con esta certeza, con esta libertad, con esta alegría vivimos. Este es el primer aspecto de nuestro vivir hacia el futuro", explicó.

En segundo lugar, añadió, "en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, esto da también certeza de la esperanza".

"Sin Cristo, también hoy para el mundo el futuro está oscuro, hay miedo al futuro, mucho miedo al futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es más fuerte y por eso vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valor para afrontar el futuro".

En tercer lugar, la actitud del cristiano debe ser "la responsabilidad hacia el mundo", pero "incluso trabajando y sabiendo en nuestra responsabilidad que Dios es el juez verdadero, estamos seguros también de que este juez es bueno, conocemos su rostro, el rostro de Cristo resucitado, de Cristo crucificado por nosotros. Por eso podemos estar seguros de su bondad y seguir adelante con gran valor".

Esta esperanza, añadió el pontífice, "hace tolerables los sufrimientos del momento presente, que no son comparables a la gloria futura".

Comentando la primera carta a los Tesalonicenses, el sucesor del apóstol Pedro explicó que el mensaje esencial de Pablo, más allá de las imágenes con las que describe la vuelta de Cristo, es que "nuestro futuro es estar con el Señor; en cuanto creyentes, en nuestra vida nosotros ya estamos con el Señor; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado".

El Papa habló también sobre la expresión ¡Maranà, thà! que literalmente significa "Señor nuestro, ¡ven!", y que a veces encuentra dificultades entre los cristianos hoy.

"¿Podemos rezar también nosotros así? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es difícil rezar sinceramente para que perezca este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, para que venga el juicio último y el juez, Cristo".

Sin embargo, aseveró Benedicto XVI, es necesario rezar "para que el mundo sea profundamente cambiado, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto: ¿y cómo podría suceder sin la presencia de Cristo?"

El Santo Padre añadió que es necesario que Cristo venga "donde hay injusticia y violencia, a los campos de refugiados, en Darfur y en Kivu del norte, en tantos lugares del mundo, donde domina la droga, entre los ricos que viven solo para sí mismos, donde Dios es desconocido".

"Ven a tu mundo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestros corazones, ven y renueva nuestra vida, ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia suya. En este sentido rezamos con san Pablo: ¡Maranà, thà! "¡Ven, Señor Jesús!", concluyó.

Por Inma Álvarez

sábado, 20 de diciembre de 2008

Benedicto XVI al acercarse la Navidad: "El amor acerca"


Intervención con motivo del Ángelus en el Domingo "gaudete"


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 14 diciembre 2008 (ZENIT.org).-

Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio junto a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Entre ellos se encontraban muchos niños de las parroquias de Roma que, como es tradición, en el tercer domingo de Adviento, traían las imágenes del Niño Jesús que colocarán el Nacimiento den sus casas, escuelas e iglesias.

* * *


Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo, tercero de Adviento, llamado "Domingo gaudete", "estad alegres", porque la antífona de entrada de la santa misa retoma una expresión de san Pablo en la Carta a los Filipenses, que dice así: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres". Y luego añade el motivo: "El Señor está cerca" (Fil 4,4-5). Esta es la razón de nuestra alegría. Pero, ¿qué significa: "el Señor está cerca"? Cómo tenemos que entender esta "cercanía" de Dios? El apóstol Pablo, al escribir a los cristianos de Filipos, piensa evidentemente en el regreso de Cristo, y les invita a estar alegres pues es seguro. Sin embargo, el mismo Pablo, en su Carta a los Tesalonicenses, advierte que nadie puede conocer el momento de la venida del Señor (Cf. 1 Ts 5,1-2) y pone en guardia ante todo alarmismo, como si el regreso de Cristo fuera inminente (Cf. 2 Ts 2,1-2). De este modo, ya entonces, la Iglesia, iluminada por el Espíritu Santo, comprendía cada vez mejor que la "cercanía" de Dios no es una cuestión de espacio y de tiempo, sino más bien una cuestión de amor: ¡el amor acerca! La próxima Navidad vendrá para recordarnos esta verdad fundamental de nuestra fe y, ante el Nacimiento, podremos gustar la alegría cristiana, contemplando en el recién nacido Jesús el rostro de Dios que por amor se hizo como nosotros.

Desde esta perspectiva, es para mí un auténtico placer renovar la hermosa tradición de la bendición de las imágenes del Niño Jesús que se colocarán en el Nacimiento. Me dirijo en particular a vosotros, queridos chicos y chicas de Roma, que habéis venido esta mañana con las figuras del Niño Jesús que ahora bendeciré. Os invito a uniros a mí siguiendo atentamente esta oración:

Dios, Padre nuestro, tú que has amado a los hombres

hasta el punto de mandarnos a tu único Hijo, Jesús,

nacido de la Virgen María

para salvarnos y volvernos a llevar a ti.


Te pedimos que, con tu bendición, estas imágenes de Jesús,

que pronto vendrá entre nosotros, sean en nuestras casas

signo de su presencia y de tu amor.


Padre bueno, bendícenos también a nosotros,

a nuestros padres, a nuestras familias y nuestros amigos.


Abre nuestro corazón para que sepamos recibir a Jesús en la alegría,

hacer siempre lo que él pide

y verle en todo los que tienen necesidad de nuestro amor.


Te lo pedimos en el nombre de Jesús, tu Hijo amado,

que viene para dar al mundo la paz.

Él vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



Y ahora, recemos juntos la oración del Angelus Domini, invocando la intercesión de María para que Jesús, que al nacer trae a los hombres la bendición de Dios, sea acogido con amor en todas las casas de Roma y del mundo.

[Después de rezar el Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En italiano, dijo:]

Hoy en la diócesis de Roma se celebra la jornada para la construcción de las nuevas iglesias. En los últimos años se han construido nuevas parroquias, pero todavía hay comunidades que sólo cuentan con locales provisionales e inadecuados. Doy las gracias de corazón a quienes han apoyado este compromiso tan importante de la diócesis y vuelvo a presentar a todos esta invitación: ayudemos a las parroquias de Roma a construir su iglesia.

[En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles provenientes de diversas parroquias de España. Al aproximarse la celebración del Nacimiento de Jesucristo, Príncipe de la Paz, os invito a prepararos a esta fiesta de gozo y salvación intensificando la plegaria, avivando la alegría interior y dedicándoos a la escucha meditativa de la Palabra de Dios, para después transmitirla con sencillez a los demás. Confío esta hermosa tarea a la maternal protección de la Virgen María, tan presente en estos días en el corazón de las queridas Naciones latinoamericanas bajo la advocación de Guadalupe. Feliz domingo.

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina