sábado, 20 de septiembre de 2008

Benedicto XVI examina el papado de Pío XII




Discurso que dirigió Benedicto XVI el jueves en la residencia pontificia de Castel Gandolfo a los participantes en el simposio organizado sobre la Pave the Way Foundation con el título "Examinando el papado de Pío XII", celebrado en Roma del 15 al 17 de septiembre.

Castel Gandolfo, 18 septiembre 2008.

Estimado señor Krupp,
señoras y señores:

Para mí es un auténtico placer tener este encuentro con vosotros al final del importante simposio organizado por la Pave the Way Foundation, en el que han participado eminentes expertos para reflexionar sobre la generosa obra realizada por mi venerado predecesor, el siervo de Dios Pío XII, durante el difícil período del siglo pasado, que gira en torno la segunda guerra mundial. A cada uno de vosotros os doy mi más cordial bienvenida. Saludo de manera particular al señor Gary Krupp, presidente de la Fundación, y le doy gracias por las sentimientos que ha expresado en nombre de todos los presentes. Le agradezco, además, la información que me ha presentado sobre el desarrollo de vuestras sesiones de trabajo de este congreso, en las que habéis analizado sin prejuicios los acontecimientos de la historia, preocupados sólo de buscar la verdad. Mi saludo se extiende a todos los que están unidos a vosotros en vuestra visita, y aprovecho con gusto la oportunidad para enviar mi cordial saludo a vuestros familiares y seres queridos.

Durante estos días vuestra atención se ha dirigido a la figura y a la incansable acción pastoral y humanitaria de Pío XII, Pastor Angelicus. Ha pasado medio siglo desde su fallecimiento, acaecido aquí, en Catel Gandolfo, en las primeras horas del 9 de octubre de 1958, después de una enfermedad que redujo paulatinamente su vigor físico. Este aniversario constituye una importante oportunidad para profundizar en su conocimiento, para meditar en sus ricas enseñanzas, y para analizar de una manera conjunta su obra. Se ha escrito y dicho mucho sobre él en estos cinco decenios y no siempre se han enfocado correctamente los diferentes aspectos de su multiforme acción pastoral. El objetivo de vuestro simposio consiste precisamente en colmar algunas de estas lagunas mediante un análisis documentado sobre muchas de sus intervenciones, sobre todo aquellas a favor de los judíos, que en aquellos años eran perseguidos en toda Europa de acuerdo con el plan criminal de quien quería eliminarlos de la faz de la tierra. Cuando uno se acerca sin prejuicios ideológicos a la noble figura de este Papa, además de quedar impresionado por su elevado nivel humano y espiritual, es conquistado por su vida ejemplar y por la extraordinaria riqueza de sus enseñanzas. Se aprecia la sabiduría humana y la tensión pastoral que le guiaron en su largo ministerio y, de manera particular, en la organización de las ayudas al pueblo judío.

Gracias al amplio material de documentación que habéis recogido, enriquecido por múltiples y autorizados testimonios, vuestro simposio ofrece a la opinión pública la posibilidad de conocer mejor y de manera más completa lo que Pío XII promovió y realizó a favor de los judíos perseguidos por los regímenes nazi y fascista. Se puede ver, entonces, que no ahorró esfuerzos, allí donde fue posible, para intervenir directamente o a través de instrucciones dadas a personas e instituciones de la Iglesia católica en su favor. En las sesiones de vuestro congreso se han subrayado muchas intervenciones que realizó de manera secreta y silenciosa precisamente porque, al tener en cuenta las situaciones concretas de ese complejo momento histórico, sólo de esa manera era posible evitar lo peor y salvar al mayor número posible de judíos. Su entrega valiente y paterna fue, de hecho, reconocida y apreciada durante y después del tremendo conflicto mundial por comunidades y personalidades judías que no dejaron de manifestar su gratitud por lo que el Papa había hecho por ellos. Basta recordar el encuentro que mantuvo Pío XII el 29 de noviembre de 1945, con los 80 delegados de los campos de concentración alemanes, quienes en una audiencia especial que les concedió en el Vaticano, quisieron darle personalmente las gracias por la generosidad que demostró el Papa a los perseguidos durante el terrible período de nazifascismo.

Queridos señores y señoras: gracias por vuestra visita y por el trabajo de investigación que estáis realizando. Gracias a la Pave the Way Foundation por la constante acción que desarrolla para favorecer las relaciones de diálogo entre las diferentes religiones de manera que ofrezcan un testimonio de paz, de caridad y de reconciliación. Deseo vivamente que este año, que recuerda el quincuagésimo aniversario de la muerte de mi venerado predecesor, ofrezca la oportunidad de promover estudios más profundos sobre los diferentes aspectos de su persona y actividad para llegar a conocer juntos la verdad histórica, superando de este modo los prejuicios que aún quedan. Con estos sentimientos invoco sobre vuestras personas y sobre la labor de vuestro simposio la bendición de Dios.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Benedicto XVI sintetiza el mensaje de Lourdes: "El amor es más fuerte que el mal"




El mensaje que dejó María hace 150 años es un mensaje de esperanza


LOURDES, domingo, 14 septiembre 2008 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI lanzó un mensaje de esperanza en la misa que presidió este domingo en esta localidad de los Pirineos franceses con motivo de los 150 años de las apariciones de la Virgen María: "El poder del amor es más fuerte que el mal que nos amenaza".

En la homilía, el pontífice presentó "lo esencial del mensaje de Lourdes" a los 190 mil peregrinos reunidos bajo un cielo azul. Concelebraron la eucaristía con el Papa 230 obispos y mil sacerdotes. Para poder estar presentes, unas 5.000 personas habían dormido la noche anterior en la basílica subterránea de san Pío X.

En el día en el que la liturgia de la Iglesia celebraba la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el pontífice recordó que "es significativo" que en la primera aparición a santa Bernadette Soubirous (1844-1879) María comenzó su encuentro con la señal de la Cruz.

"La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras debilidades y pecados. El poder del amor es más fuerte que el mal que nos amenaza", afirmó.

Según Benedicto XVI, "este misterio de la universalidad del amor de Dios por los hombres, es el que María reveló aquí, en Lourdes. Ella invita a todos los hombres de buena voluntad, a todos los que sufren en su corazón o en su cuerpo, a levantar los ojos hacia la Cruz de Jesús para encontrar en ella la fuente de la vida, la fuente de la salvación", aseguró.

Bernadette dio testimonio de 18 apariciones de la Virgen entre el 11 de febrero y el 18 de julio de 1858 en la gruta Massabielle. Hoy Lourdes reúne cada año a unos seis millones de peregrinos. Desde entonces la Oficina Médica de los Santuarios ha reconocido 67 milagros (curaciones científicamente inexplicables). Cada año esta institución recibe indicaciones de unos 35 casos de posibles milagros. En la mayoría de los casos, la investigación no prospera.

Al profundizar en el mensaje de Lourdes, el sucesor de Pedro recordó que la Virgen se presentó a Bernadette con este nombre: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

"María le desvela de este modo la gracia extraordinaria que Ella recibió de Dios, la de ser concebida sin pecado, porque 'ha mirado la humillación de su esclava'". De esta forma, aclaró, "al presentarse en una dependencia total de Dios, María expresa en realidad una actitud de plena libertad, cimentada en el completo reconocimiento de su genuina dignidad".

"Es el camino que María abre también al hombre. Ponerse completamente en manos de Dios, es encontrar el camino de la verdadera libertad. Porque, volviéndose hacia Dios, el hombre llega a ser él mismo. Encuentra su vocación original de persona creada a su imagen y semejanza", aseguró.

En Lourdes, recordó, "María sale a nuestro encuentro como la Madre, siempre disponible a las necesidades de sus hijos. Mediante la luz que brota de su rostro, se trasparenta la misericordia de Dios. Dejemos que su mirada nos acaricie y nos diga que Dios nos ama y nunca nos abandona", exhortó.

Por este motivo, concluyó, "el mensaje de María es un mensaje de esperanza para todos los hombres y para todas las mujeres de nuestro tiempo, sean del país que sean".

El Papa confesó que le gusta invocar a María como "Estrella de la esperanza", como lo hace en el número 50 de su segunda encíclica, Spe salvi.

"En el camino de nuestras vidas, a menudo oscuro, Ella es una luz de esperanza, que nos ilumina y nos orienta en nuestro caminar. Por su sí, por el don generoso de sí misma, Ella abrió a Dios las puertas de nuestro mundo y nuestra historia", terminó.

Tras la homilía, interrumpida en varios momentos por aplausos, con una iniciativa poco común, el Papa dejó un largo momento de silencio para dejar espacio a la meditación sobre el mensaje de Lourdes.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El Papa propone combatir y prevenir la violencia apoyando a la familia

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Al recibir a los obispos de El Salvador


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI ha propuesto combatir y prevenir la violencia apoyando a la familia, al reunirse este jueves con los obispos de El Salvador.

En el encuentro que tuvo con los prelados, tras haberse reunido personalmente con ellos en los días pasados y de haber leídos sus informes, redactados con motivo de su quinquenal visita ad limina apostolorum, el Papa reconoció que la violencia es el problema más grave de esa nación.

En su discurso, en respuesta a las palabras que le había dirigido monseñor Fernando Sáez Lacalle, arzobispo de San Salvador y presidente de la Conferencia Episcopal, el Santo Padre constató cómo los corazones de los obispos «se conmueven al contemplar las graves necesidades del pueblo que os ha sido encomendado, y al que queréis servir con amor y dedicación».

«A causa de la situación de pobreza muchos se ven obligados a emigrar en busca de mejores condiciones de vida --denunció--, lo cual provoca a menudo consecuencias negativas para la estabilidad del matrimonio y de la familia».

Más de dos millones y medio de salvadoreños viven en los Estados Unidos.

El obispo de Roma reconoció también los esfuerzos que los obispos hacen «para promover la reconciliación y la paz en vuestro país, y superar así dolorosos acontecimientos del pasado».

Ahora bien, junto a los obispos, el Papa constató que el «problema de la violencia», puede considerarse «como el más grave en vuestra nación».

Analizando sus causas, mencionó que «el incremento de la violencia es consecuencia inmediata de otras lacras sociales más profundas, como la pobreza, la falta de educación, la progresiva pérdida de aquellos valores que han forjado desde siempre el alma salvadoreña y la disgregación familiar».

«En efecto --aseguró--, la familia es un bien indispensable para la Iglesia y la sociedad, así como un factor básico para construir la paz».

Por este motivo subrayó «la necesidad de revitalizar y fortalecer en todas las diócesis una adecuada y eficaz pastoral familiar, que ofrezca a los jóvenes una sólida formación espiritual y afectiva, que les ayude a descubrir la belleza del plan de Dios sobre el amor humano, y les permita vivir con coherencia los auténticos valores del matrimonio y de la familia, como la ternura y el respeto mutuo, el dominio de sí, la entrega total y la fidelidad constante».

El Salvador tiene seis millones y medio de habitantes, en un 80% católicos


domingo, 7 de septiembre de 2008

La evangelización combate toda pobreza, asegura Benedicto XVI

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Al recibir a los obispos de El Salvador


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).-

La obra de evangelización, es decir, el anuncio del amor de Dios en Cristo, permite luchar contra las mismas causas de la pobreza, no sólo material sino también espiritual, considera Benedicto XVI.

Así lo explicó este jueves a los obispos de El Salvador, con quienes se reunió al concluir su quinquenal visita ad limina apostolorum.

Analizando la situación del país, el Papa reconoció que «frente a la pobreza de tantas personas, se siente como una necesidad ineludible la de mejorar las estructuras y condiciones económicas que permitan a todos llevar una vida digna».

«Pero no se ha de olvidar que el hombre no es un simple producto de las condiciones materiales o sociales en que vive», añadió.

«Necesita más --constató--, aspira a más de lo que la ciencia o cualquier iniciativa humana puede dar. Hay en él una inmensa sed de Dios».

«Los hombres anhelan a Dios en lo más íntimo de su corazón, y Él es el único que puede apagar su sed de plenitud y de vida, porque sólo Él nos puede dar la certeza de un amor incondicionado, de un amor más fuerte que la muerte».

«El hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza», aseguró, sintetizando una idea central de su última encíclica Spe salvi.

Por ello, aseguró el pontificio, «es preciso impulsar un ambicioso y audaz esfuerzo de evangelización en vuestras comunidades diocesanas, orientado a facilitar en todos los fieles ese encuentro íntimo con Cristo vivo que está a la base y en el origen del ser cristiano».

«Una pastoral, por tanto --recalcó--, que esté centrada en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste».

El obispo de Roma sugirió ayudar a los «laicos a que descubran cada vez más la riqueza espiritual de su bautismo, por el cual están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor, y que iluminará su compromiso de dar testimonio de Cristo en medio de la sociedad humana».

Para cumplir esta altísima vocación, aclaró, «necesitan estar bien enraizados en una intensa vida de oración, escuchar asidua y humildemente la Palabra de Dios y participar frecuentemente en los sacramentos, así como adquirir un fuerte sentido de pertenencia eclesial y una sólida formación doctrinal, especialmente en cuanto se refiere a la doctrina social de la Iglesia, donde encontrarán criterios y orientaciones claras para poder iluminar cristianamente la sociedad en la que viven».

En su discurso, el Papa hizo un reconocimiento de la obra de los primeros misioneros en El Salvador, así como de «pastores llenos de amor de Dios, como monseñor Óscar Arnulfo Romero», que ha tenido el país a lo largo de su historia cristiana.

En su misión el Papa mostró su cercanía a los obispos salvadoreños. «Os estrecho en mi corazón con un abrazo de paz, en el que incluyo a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de vuestras Iglesias locales».


domingo, 31 de agosto de 2008

Sólo Dios puede colmar la sed espiritual del hombre, advierte el Papa



header_original_modEn su visita a una parroquia romana y en el Ángelus dominical en el Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 24 febrero 2008 (ZENIT.org).- Igual que existe una sed física de agua indispensable para vivir en la tierra, «existe también en el hombre una sed espiritual que sólo Dios puede colmar», advierte Benedicto XVI.

El Evangelio de este domingo, sobre el diálogo de Jesús con la samaritana en el pozo de Sicar, permitió al Papa mostrar el efecto de la palabra de Dios, aprovechando la visita que hizo a la parroquia romana de Santa María Liberadora en Monte Testaccio y el posterior rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, en el Vaticano.

El centenario de la consagración de la actual iglesia -encomendada a los salesianos, recibió la visita de Pablo VI en 1966 y Juan Pablo II en 1979- fue el marco de la Eucaristía que presidió en ella Benedicto XVI, acogido calurosamente por una comunidad joven y vital.

«En el diálogo entre Jesús y la samaritana vemos trazado el itinerario espiritual de cada uno de nosotros», dijo el Papa en su homilía.

La sed espiritual que existe en el hombre, «que sólo Dios puede colmar», «se trasluce claramente» en aquel diálogo, en el que Jesús pide a la samaritana: «Dame de beber», una petición con la que «en realidad [Él] pone en marcha en su interlocutora un camino interior que hace brotar en ella el deseo de algo más profundo», desgranó el Santo Padre.

En efecto, en cierto momento «es la propia mujer la que le pide agua a Jesús --siguió--, manifestando que en toda persona existe una necesidad innata de Dios y de la salvación que sólo Él puede brindar».

Se trata de «una sed de infinito que sólo se puede saciar con el agua que Jesús ofrece, el agua viva del Espíritu», recalcó.

E igual que ocurrió con la samaritana, «Jesús quiere llevarnos a profesar nuestra fe en Él con fuerza, para que podamos nosotros después anunciar y testimoniar a nuestros hermanos la alegría del encuentro con Él y las maravillas que su amor realiza en nuestra existencia» --recordó el Santo Padre--, porque «la fe nace del encuentro con Jesús, reconocido y acogido» como el Salvador.

Momentos después, en el rezo del Ángelus, de regreso al Vaticano, el Papa exhortó a los fieles y peregrinos: «Abramos también nosotros el corazón a la escucha confiada de la palabra de Dios para encontrar, como la samaritana, a Jesús que nos revela su amor y nos dice: el Mesías, tu salvador, "soy yo, el que te está hablando"(Jn 4,26)».

Cuando Jesús manifiesta su sed, ésta «es una puerta de entrada al misterio de Dios», quien «tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor», quien «como un padre bueno y misericordioso desea para nosotros todo el bien posible, y este bien es Él mismo», observó Benedicto XVI.

E indicó en la mujer de Samaría el ejemplo de «insatisfacción existencial de quien no ha encontrado lo que busca».

De hecho, antes de despedirse de la parroquia en Monte Testaccio, en un breve encuentro festivo con los fieles -en el salón de actos parroquial--, el Papa volvió, espontáneamente, al tema de la samaritana, «una representación del hombre moderno, de la vida moderna».

«Ha tenido cinco maridos; ahora vive con otro. Se ve que hace amplio uso de su libertad y sin embargo no es más libre, sino que está más vacía», constató.

Pero es «conmovedor --reconoció-- que en esta mujer, en el momento en que Cristo le habla, se ve en lo profundo de su corazón que hay un interrogante: ¿Existe Dios?».

E insistió en el salto evangelizador que sigue al encuentro con Cristo. «Dando la fe también nosotros crecemos en la fe --aclaró-- y podemos entender y vivir que esta fe es el agua que necesitamos para vivir».

Además hizo hincapié en que «a partir del encuentro con Cristo, nace la alegría»; por eso «la verdadera santidad es alegre».

Y admitió que le había impresionado, del saludo que le dirigió el párroco don Manfredo Leone -en el inicio de la Eucaristía--, su afirmación: «Tenemos más futuro que pasado». «Esto es la verdad de nuestra Iglesia, que siempre tiene más futuro que pasado, y por eso con valor seguimos adelante», afirmó el Papa.

Una misión parroquial es el proyecto inmediato de Santa María Liberadora para reevangelizar el Testaccio, pero también, como dijo su párroco a Benedicto XVI, «seguir haciendo de la parroquia una familia de familias».

En el horizonte de la comunidad siempre está «el anuncio de que Jesús es el Señor», prestando «especial atención a las familias y a los jóvenes, en fidelidad al carisma de san Juan Bosco». «Gran ayuda para ello -admitió don Manfredo Leone- es la carta del Papa sobre la educación», difundida ampliamente este último mes.

De hecho, el sábado, en la Plaza de San Pedro, Benedicto XVI hizo entrega de esta «Carta sobre la tarea urgente de la educación» a la diócesis de Roma, representada en más de cincuenta mil fieles.

Por Marta Lago



domingo, 24 de agosto de 2008

San Agustín definió la «verdadera laicidad», recuerda el Papa



Diferencia entre esfera política y esfera de la fe

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 20 febrero 2008 (ZENIT.org).- La «verdadera laicidad» es un concepto antiguo que ya había sido definido por san Agustín, recuerda Benedicto XVI, al aclarar la diferencia entre la esfera política y la esfera de la fe.
Joseph Ratzinger, que dedicó al teólogo y filósofo del norte de África su tesis doctoral, dedicó la cuarta de las audiencias generales a este «padre de la Iglesia que ha dejado el mayor número de obras», algunas de ellas «de importancia capital, y no sólo para la historia del cristianismo sino también para la formación de toda la cultura occidental».
Entre otras, el pontífice recordó «De civitate Dei» [La Ciudad de Dios], «obra imponente y decisiva para el desarrollo del pensamiento político occidental y para la teología cristiana de la historia, escrita entre los años 413 y 426 en 22 libros».
La ocasión de su redacción fue el saqueo de Roma por parte de los godos en el año 410.
Ante la caída de Roma, algunos paganos ponían en duda la grandeza del Dios cristiano, que parecía incapaz de defender la ciudad.
«A esta objeción, que también tocaba profundamente el corazón de los cristianos, responde san Agustín con esta grandiosa obra», «aclarando qué es lo que debían esperarse de Dios y qué es lo que no podían esperar de Él, cuál es la relación entre la esfera política y la esfera de la fe, de la Iglesia».
«Todavía hoy este libro es una fuente para definir bien la auténtica laicidad y la competencia de la Iglesia, la gran esperanza que nos da la fe», aclaró.
Como viene explicando Benedicto XVI en su pontificado, la laicidad no significa represión de la libertad religiosa (eso sería más bien el laicismo), sino la garantía para que los creyentes de las diferentes religiones puedan ejercer sus derechos fundamentales.
Como el Papa explicó, esta obra de Agustín de Hipona se basa en una interpretación fundamental de historia, «la lucha entre dos amores: el amor propio, "hasta llegar a menospreciar a Dios" y el amor a Dios "hasta llegar al desprecio de sí mismo"»
El Papa repasó otros de los escritos que dejó el santo africano, uno de los autores más prolíficos de la historia (a su muerte se contabilizaron al menos 1.300 escritos, aunque se considera que escribió entre 3.000 y 4.000 homilías).
Como es lógico, comentó su libro más publicado, las «Confesiones», autobiografía en la que «la propia miseria a la luz de Dios se convierte en alabanza de Dios y en acción de gracias, pues Dios nos ama y nos acepta, nos transforma y nos eleva hacia sí».
«Gracias a las "Confesiones" podemos seguir, paso a paso, el camino interior de este hombre extraordinario y apasionado de Dios», aclaró el Papa.
Citando al amigo y biógrafo de Agustín, el Papa concluyó explicando que el gran santo y teólogo está «siempre vivo» en sus obras.
«Está realmente vivo en sus escritos, está presente en nosotros y de este modo vemos también la permanente vitalidad de la fe por la que dio toda su vida», concluyó.
Las evocaciones de Benedicto XVI sobre san Agustín, en las que no ha dejado de confesar su admiración por este pensador, forman parte de la serie de catequesis que está ofreciendo sobre las grandes figuras de los inicios de la Iglesia.

sábado, 16 de agosto de 2008

La misión de la Iglesia pasa por el ecumenismo, asegura el Papa


header_original_modEn plena Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 20 enero 2008 (ZENIT.org).- La misión de la Iglesia en estos momentos pasa por el avance en el camino ecuménico, aseguró Benedicto XVI este domingo en plena Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

Al rezar la oración mariana del Ángelus junto a unos 200.000 peregrinos, congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice exhortó: «¡No tenemos que cansarnos nunca de rezar por la unidad de los cristianos!».

«Cuando Jesús, durante la Última Cena, rezó para que todos "sean uno", tenía un fin preciso: "para que el mundo crea"», explicó recordando el pasaje evangélico de Juan 17, 21.

«La misión evangelizadora de la Iglesia pasa por tanto por el camino ecuménico, el camino de la unidad de fe, del testimonio evangélico y de la auténtica fraternidad», aseguró el obispo de Roma.

De este modo, el pontífice comentó el lema para la semana ecuménica de este año, que cumple un siglo de vida, «No ceséis de orar».

En este octavario «católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes, conscientes de que sus divisiones constituyen un obstáculo a la acogida del Evangelio, imploran juntos del Señor, de manera todavía más intensa, el don de la plena comunión».

Recordó que esta «iniciativa providencial» surgió por iniciativa del padre Paul Wattson, de origen anglicano, y saludó a sus hijos e hijas espirituales, presentes en el encuentro con el Papa, los hermanos y hermanas franciscanos del Atonement, a quienes alentó «a continuar en su entrega especial a la causa de la unidad».

«La oración --aclaró--, la conversión del corazón, la intensificación de los vínculos de comunión constituyen la esencia de este movimiento espiritual, que esperamos pueda llevar pronto a los discípulos de Cristo a la común celebración de la Eucaristía, manifestación de su plena unidad».

El viernes, 25 de enero, Benedicto XVI clausurará en la Basílica de San Pablo Extramuros la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos con las Vísperas solemnes, en las que participarán representantes de las iglesias y comunidades eclesiales.

En ese encuentro, como reveló el Papa, juntos invocarán «de Dios el don precioso de la reconciliación entre todos los bautizados».