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sábado, 24 de noviembre de 2012

Cristo es el centro estable de nuestra vida






"También hoy necesitamos de un fundamento estable para nuestra vida y nuestra esperanza, más aún a causa del relativismo en el cual estamos sumergidos" y este centro es la Persona de Cristo y su Palabra. Así subrayó el Papa en el Ángelus comentando la liturgia del domingo relativa al discurso de Jesús sobre los últimos tiempos, quizás uno de los textos más difíciles de los Evangelios. Jesús no describe el fin del mundo y aún si usa imágenes apocalípticas quiere sobre todo indicar a sus discípulos de cada época el camino justo para recorrer hoy y mañana para entrar en la vida eterna. (Inserto Papa). Todo pasa --nos recuerda el Señor- pero la Palabra de Dios no cambia, y de frente a ella cada uno de noso ...

domingo, 12 de abril de 2009

La resurrección de Jesús no es una teoría; dice el Papa en su mensaje pascual


Pronunciado desde el balcón de la Basílica de San Pedro antes unos 200 mil peregrinos

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 10 abril 2009 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI dedicó el mensaje de Pascua que pronunció desde el balcón de la Basílica de San Pedro del Vaticano a mostrar cómo la resurrección de Jesús no es una teoría o un mito, sino el hecho más significativo de la historia.

Ante los doscientos mil fieles que llenaban la plaza de San Pedro y calles adyacentes, el Papa consideró, por este motivo, que el anuncio de la Pascua despeja las zonas oscuras del "materialismo" y del "nihilismo", que parecen extenderse en las sociedades modernas.

En una mañana de cielo cubierto, el Santo Padre recogió "una de las preguntas que más angustian la existencia del hombre": "¿qué hay después de la muerte?".

La celebración de la Pascua, respondió, "nos permite responder a este enigma afirmando que la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa".

La resurrección de Jesús, aseguró, "no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su "pascua", su "paso", que ha abierto una "nueva vía" entre la tierra y el Cielo".

"No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba", subrayó.

El obispo de Roma explicó que "el anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos", refiriéndose en particular "al materialismo y al nihilismo, a esa visión del mundo que no logra transcender lo que es constatable experimentalmente, y se abate desconsolada en un sentimiento de la nada, que sería la meta definitiva de la existencia humana".

En efecto, aseguró, "si Cristo no hubiera resucitado, el 'vacío' acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria".

Con la resurrección de Cristo, subrayó, "ya no es la nada la que envuelve todo, sino la presencia amorosa de Dios".

Ahora bien, siguió diciendo, si bien es verdad que la muerte ya no tiene poder sobre el hombre y el mundo, sin embargo "quedan todavía muchos, demasiados signos de su antiguo dominio".

Por este motivo, recalcó el Papa, Cristo "necesita no obstante hombres y mujeres que lo ayuden siempre y en todo lugar a afianzar su victoria con sus mismas armas: las armas de la justicia y de la verdad, de la misericordia, del perdón y del amor".

sábado, 28 de marzo de 2009

El Papa muestra cómo Cristo permite superar el miedo a los espíritus


Evangelizar no es un acto de presunción, sino el mejor servicio


LUANDA, domingo, 22 marzo 2009 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI ha hecho un llamamiento en Angola a anunciar a Cristo, pues su amor permite superar el miedo a los espíritus y el yugo de los brujos.

La misa que el Papa presidió en la mañana de este domingo junto a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, movimientos eclesiales y catequistas de Angola y de Santo Tomé, quiso convertirse en un impulso decisivo a la evangelización de este país, quinientos años después de que recibiera la fe cristiana de manos de misioneros portugueses.

Dirigiéndose a las tres mil personas que le escuchaban, el Papa invitó a seguir "la estela de aquellos heroicos y santos mensajeros de Dios" para "llevar a Cristo resucitado a vuestros compatriotas".

"Muchos de ellos viven temerosos de los espíritus --constató--, de los poderes nefastos de los que creen estar amenazados; desorientados, llegan a condenar a niños de la calle y también a los más ancianos, porque, según dicen, son brujos".

"¿Quién puede ir a anunciarles que Cristo ha vencido a la muerte y a todos esos poderes oscuros?", dijo citando a san Pablo.

El Papa dio espacio a las voces de quienes consideran que la evangelización constituye un acto de presunción y afirman: "¿Porqué no los dejamos en paz? Ellos tienen su verdad; nosotros, la nuestra. Intentemos convivir pacíficamente, dejando a cada uno como es, para que realice del mejor modo su autenticidad".

El Sato Pare respondió a estas objeciones, explicando que "si nosotros estamos convencidos y tenemos la experiencia de que sin Cristo la vida es incompleta, le falta una realidad, que es la realidad fundamental, debemos también estar convencidos de que no hacemos ninguna injusticia a nadie si les mostramos a Cristo y le ofrecemos la posibilidad de encontrar también, de este modo, su verdadera autenticidad, la alegría de haber encontrado la vida".

"Es más --subrayó--, debemos hacerlo, es nuestra obligación ofrecer a todos esta posibilidad de alcanzar la vida eterna".

La celebración tuvo lugar en la parroquia salesiana de San Pablo, en Luanda, iglesia recién restaurada administrada por los salesianos.

Dado que el número de personas que quisieron participar era muy superior a la capacidad del templo, los que no cabían, siguieron la misa en el patio contiguo a la parroquia gracias a una pantalla gigante, o en la calle, frente a la iglesia, donde también se instaló una pantalla.

Al final de la celebración, el Papa saludó a los fieles de la parroquia, que habían cedido sus puestos en la iglesia a los "trabajadores en al viña del Señor" de Angola, como los definió el Papa. Junto a ellos saludó también a los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano procedentes de todo Angola.


sábado, 22 de noviembre de 2008

Benedicto XVI pide a los religiosos que “no antepongan nada al amor de Cristo”




Discurso a una asamblea sobre el monaquismo

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 20 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).-

"La vocación de los monasterios es la de indicar al mundo qué es lo esencial: buscar a Cristo y no anteponer nada a su amor", considera Benedicto XVI.

Así lo afirmó este jueves al recibid en audiencia a los participantes en la asamblea plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que este año conmemora el centenario de vida.

En su respuesta a las palabras que le dirigió el cardenal Franc Rodé C.M., prefecto de ese dicasterio vaticano, el Papa se refirió al tema de esta plenaria, que ha tenido como eje central el monaquismo y su importancia en la sociedad actual, una cuestión "particularmente querida" por el pontífice que ha tomado el nombre de san Benito, fundador del monaquismo occidental.

Los monasterios, "buscando a Cristo y fijando la mirada en las realidades eternas", explicó, "se convierten en oasis espirituales que indican a la humanidad el primado absoluto de Dios, a través de la adoración continua de esa misteriosa, pero real, presencia divina en el mundo, y de la comunión fraterna vivida en el mandamiento nuevo del amor y del servicio recíproco".

El Papa invitó a los monjes contemplativos a "vivir el Evangelio de forma radical", "cultivando profundamente la unión esponsal con Cristo" en la espera "de la manifestación gloriosa del Salvador".

Si se vive la vocación de esta forma, "entonces el monaquismo puede constituir para todas las formas de vida religiosa y de consagración una memoria de lo que es esencial y que tiene el primado en la vida de todo bautizado: buscar a Cristo y no anteponer nada a su amor".

Añadió que los monasterios "deben ser cada vez más oasis de vida ascética", donde se cultive el conocimiento de las Escrituras. "El camino señalado por Dios para esta búsqueda y para alcanzar este amor en su misma Palabra, que se ofrece en las Sagradas Escrituras".

"Es a partir de esta escucha orante de la Palabra desde donde se eleva en los monasterios una oración silenciosa, que se convierte en testimonio para cuantos son acogidos como si fueran el mismo Cristo en estos lugares de paz".

Posteriormente, el ministro general de los frailes menores (franciscanos), padre José Rodriguez Carballo, presente durante la audiencia, subrayó en declaraciones a Radio Vaticano "el amor y la confianza" mostradas por el Papa "en la presencia y el testimonio de la vida consagrada".

"El Santo Padre, en el discurso de hoy, ha centrado la vocación monástica en la búsqueda de Dios, y esta es la gran vocación y el signo profético de la vida monástica en el mundo de hoy. En un tiempo en que parece que Dios no existe, o al menos muchos se comportan como si fuera así, el monje recuerda que Dios no solo existe, sino que es el centro de la vida y su realización plena".


domingo, 6 de julio de 2008

En sus escritos, «encontramos vivo» a san Agustín; explica el Papa



«Es siempre actual, porque realmente Cristo es ayer, hoy y para siempre»

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 16 enero 2008 (ZENIT.org).-


Benedicto XVI invita a leer las obras de san Agustín de Hipona, uno de sus autores preferidos, porque en estos escritos «le encontramos vivo».


«Cuando leo los escritos de san Agustín no tengo la impresión de que sea un hombre muerto hace más o menos mil seiscientos años, sino que lo siento como un hombre de hoy: un amigo, un contemporáneo que me habla, que nos habla con su fe fresca y actual», confiesa el Papa.


Lo explicó a los miles de peregrinos que participaron en la audiencia general, en el aula Pablo VI del Vaticano, en la que por segundo miércoles consecutivo dedicó su intervención al obispo (354 - 430) considerado como uno de los cuatro más importantes Padres de la Iglesia latina.


Joseph Ratzinger, quien defendió su tesis doctoral precisamente sobre san Agustín, dedicó su intervención a recordar los cuatro últimos años su vida, en particular sus últimas horas, transcurridas entre las invasiones de los bárbaros, el estudio, la oración y la penitencia.


Para sintetizar la vida del santo, el Papa recurrió a una cita de su biógrafo, Posidio, en la que dice: «Dejó a la Iglesia un clero muy numeroso, así como monasterios de hombres y de mujeres llenos de personas dedicadas a la continencia y a la obediencia de sus superiores, junto con las bibliotecas que contenían los libros y discursos de él y de otros santos, por los que se conoce cuál ha sido por gracia de Dios su mérito y su grandeza en la Iglesia, y en los cuales los fieles siempre le encuentran vivo».


«Es un juicio al que podemos asociarnos: en sus escritos también nosotros le "encontramos vivo"», explicó el Papa.


«En san Agustín que nos habla --me habla a mí en sus escritos--, vemos la actualidad permanente de su fe, de la fe que viene de Cristo, del Verbo Eterno Encarnado, Hijo de Dios e Hijo del hombre», indicó el Santo Padre.


«Y podemos ver que esta fe no es de ayer, aunque haya sido predicada ayer; es siempre actual, porque realmente Cristo es ayer, hoy y para siempre. Él es el Camino, la Verdad y la Vida», añadió.


«De este modo, san Agustín nos anima a confiar en este Cristo siempre vivo y a encontrar así el camino de la vida», concluyó.


Las meditaciones sobre el santo de Hipona forman parte de la serie de intervenciones sobre los grandes personajes de los orígenes de la Iglesia que el obispo de Roma está ofreciendo en sus encuentros con los fieles de los miércoles.

viernes, 30 de mayo de 2008

El ancla en la vida, la esperanza en Cristo; asegura el Papa

En el domingo de la Ascensión

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 mayo 2008 (ZENIT.org).-

La esperanza en Cristo es el ancla firme que da seguridad a la existencia, aseguró Benedicto XVI este domingo, en el que en muchos países se celebraba la solemnidad de la Ascensión.
«Y, ¿qué es lo que más necesita el hombre de todos los tiempos sino precisamente esto: un ancla firme para la propia existencia?», se preguntó el Papa al rezar la oración mariana del Regina Caeli, junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.
Muchos de ellos eran socios de la Acción Católica Italiana que habían acudido para celebrar los 140 años de su fundación. Con ellos, meditó en el sentido de la Ascensión de Cristo al Cielo, misterio de la fe que el libro de los Hechos de los Apóstoles sitúa cuarenta días después de la resurrección, motivo por el cual ya se había celebrado en el Vaticano y en algunas naciones del mundo el jueves pasado.
Cristo «vino al mundo para devolver el hombre a Dios, pero no idealmente --como haría un filósofo o un maestro de sabiduría-- sino realmente, como pastor que quiere llevar todas las ovejas al redil», aseguró el pontífice.
«Jesús afrontó este "éxodo" hacia la patria celestial en primera persona por nosotros --añadió--. Por nosotros descendió del Cielo y por nosotros ascendió, tras haberse hecho semejante en todo a los hombres, humillado hasta la muerte de cruz, y tras haber tocado el abismo de la máxima lejanía de Dios».
Precisamente por este motivo, aclaró el obispo de Roma, «el Padre se complació en Él y le "exaltó", restituyéndole la plenitud de su gloria, pero ahora con nuestra humanidad. Dios en el hombre - el hombre en Dios: ya no se trata de una verdad teórica, sino real».
«Por este motivo, la esperanza cristiana, fundamentada en Cristo, no es ilusión», aseguró el Santo Padre, sino que en ella «tenemos como una segura y sólida ancla de nuestra alma», «un ancla que penetra en el cielo, donde Cristo nos ha precedido».
Al comenzar el mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen María, el Papa invitó a toda la Iglesia a vivirlo como vivieron los discípulos tras la ascensión de Jesús, en espera del Espíritu Santo, alrededor de la Madre del Señor.
«Al dirigir hacia ella la mirada, como los primeros discípulos, se nos presenta la realidad de Jesús: la Madre orienta hacia el Hijo, que ya no se encuentra físicamente entre nosotros, sino que nos espera en la casa del Padre».
«Jesús nos invita a no quedarnos mirando hacia lo alto, sino a estar juntos, unidos en la oración, para invocar el don del Espíritu Santo. Sólo a quien "renace de lo alto", es decir, del Espíritu Santo, se le abre la entrada al Reino de los cielos, y la primera "renacida de lo alto" es precisamente la Virgen María», concluyó.Con este mismo espíritu, en la tarde del día anterior, el Papa había presidido la oración del Rosario en la basílica de Santa María la Mayor en Roma.