sábado, 20 de enero de 2018

sábado, 13 de enero de 2018

La oración cristiana es valerosa





Fe en Jesús y valor para ir más allá de las dificultades como han hecho tantos santos. Es esto lo que caracteriza la oración cristiana, tal como lo subrayó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en Casa Santa Martha, este 12 de enero, inspirándose en las curaciones narradas en el Evangelio. En el Evangelio de Marcos se relatan, tanto ayer como hoy, dos curaciones, recordó el Papa. Ayer la del leproso y hoy la del paralítico. Ambos rezan para obtener y lo hacen con fe: el leproso – subrayó el Papa – desafía incluso a Jesús con valor, diciendo: “¡Si quieres puedes purificarme!”. Y la respuesta del Señor es inmediata: “Lo quiero”. Por lo tanto todo es posible para quien cree, como enseña el Evangelio.

sábado, 6 de enero de 2018

La Epifanía de DIOS y la Virgen María 6 de enero 2018





Jesús, te traigo mi oro, pues eres mi rey. Te traigo mi incienso para ofrecértelo en sacrificio oloroso de mi vida, pues eres Dios. Te traigo mi mirra para embalsamar mi cuerpo junto al tuyo en espera de la resurrección.

lunes, 1 de enero de 2018

Santa MARÍA madre de DIOS 01 de enero 2018







Porque Jesús, fue nacido de mujer, amamos y veneramos el nombre de esa mujer: María. Porque María, es espejo de la humanidad redimida, bendecimos y veneramos, en este Año Nuevo, a la nueva Eva, a Aquella que nos ha dado tanto el mejor regalo, Jesús. Para ser Madre de Dios y Madre nuestra, no dejó atrás su pobreza ni su sencillez, su obediencia y su ser maternal. ¡Bendecimos tu docilidad, María! Porque María, meditaba las cosas sagradas en lo más hondo de su corazón, bendecimos su memoria, su espíritu y su fe. ¡Bendita, Tú, María! Porque María, como el sol que amanece, ilumina los rincones más oscuros de nuestra casa.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Fiesta de la Sagrada Familia 2017




“La Sagrada Familia de Nazaret, modelo para todas las familias”

 Sagrada Familia de Nazaret: enséñanos el recogimiento, la interioridad; danos la disposición de escuchar las buenas inspiraciones y las palabras de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad del trabajo de reparación, del estudio, de la vida interior personal, de la oración, que sólo Dios ve en lo secreto; enséñanos lo que es la familia, su comunión de amor, su belleza simple y austera, su carácter sagrado e inviolable. Amén.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Día 24 Solemnidad de la Natividad del Señor. Medianoche





Recordamos ahora el mayor acontecimiento jamás sucedido en el mundo: Dios, que no es del mundo viene al mundo, se hace uno de los nuestros. Hoy recordamos con toda la solemnidad posible, que no estamos solos en esta vida, que Dios está con nosotros; que los afanes e inquietudes de los hombres no son ya algo solamente humano, porque Dios se ha hecho hombre y permanece en el mundo precisamente por esos afanes. Resalta enseguida ante nuestros ojos, como ante los de aquellos pastores de Belén, que el Mesías, Dios encarnado, se confía a unas manos humanas, al calor y al cuidado de unas criaturas: a su cariño, a su prudencia, a sus posibilidades... Lo vemos, Niño de verdad, con la debilidad propia de los niños, necesitado de todo como ellos, dejándose cuidar, alimentar, protejer: confiando. Dios confía en el hombre. Es Dios y hombre perfecto. Porque es Dios que se nos entrega, que se pone al alcance de nuestro cuidado, de nuestra protección, de nuestro amor como los demás hombres. Y, siendo hombre, su indigencia de niño reclama nuestro desvelo, porque es indigencia humana de Dios. Posiblemente nacieron otros niños en aquellos días en la comarca de Belén. Sólo por Jesús, sin embargo, se movilizaron los pastores hasta el Portal y los ángeles prorrumpieron en alabanzas a Dios. ¿Qué haremos tú y yo por ese Dios que se nos ha hecho tan Niño? No queramos consentir que pueda sentirse defraudado de confiar en nosotros. Tendremos que mimarlo, querremos que sea el centro exclusivo de nuestra atención, la razón de nuestra vida. Haremos lo que sea preciso por no perderlo. Organizaremos las cosas para que cada día esté más a gusto entre nosotros, en cada uno de nosotros. Y si Él confía..., ¿no confiaremos tú y yo? Es buena ocasión el día de Navidad para preguntarnos, al contemplar a Jesús, quizá dormido en los brazos de su Madre, si procuramos confiar así en las personas, particularmente en los que nos quieren: en los que nos ayudan, en los que cuidan de nuestras cosas o nos prestan algún servicio. No vaya a ser que, demasiado a menudo, estemos como prevenidos, pensando que tal vez lo harán mal, y nos salga la crítica, el reproche..., casi antes de que haya materialmente tiempo para dar motivo. No dejemos pasar este día de gracia, sin elevar el corazón a Dios en favor de aquellos con quienes convivimos en casa, en el trabajo, en el descanso... Es con ellos precisamente con quienes en ocasiones tenemos diferencias. Nos ayudará a valorarlos, considerar que, de entrada, no hay razón para pensar que harán lo que les corresponde y nos afecta con poco interés o peor de lo que deben. Nuestro concepto positivo de los demás, alentado en la oración por ellos, nos llevará a tener en mucho y alegrarnos por tanto bien como recibimos de ellos; y a estimular o corregir, en su caso, con sentido optimista, lo que deba ser mejor en la conducta de otros. Es razonable que, al igual que nosotros, también ellos deban superar sus imperfecciones. Esos defectos, sin embargo, en ningún caso podrán justificar rencor por nuestra parte. Serán, más bien, ocasión de comprensión, oración y ayuda leal.

Nochebuena. Nos metimos en Belén

¿Qué hacer con esta luz de Cristo que recibimos en esta Nochebuena, en esta Noche venturosa, en esta Noche llena de claridad?

Por: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net




Cristo nos sólo es Pan, ni sólo es Palabra encarnada. Es también Luz. En toda la liturgia hoy resplandece la Luz de Dios. Belén es la casa del Pan, que nos alimenta y es Palabra Encarnada que nos habla, Palabra vivificadora, regeneradora, santificadora… a quienes están atentos receptivos. Y hoy en esta Nochebuena queremos comentar una riqueza más del misterio de Belén: es Luz ¿No decimos: dio a luz?

I. ¿Dónde se aprecia más la luz?
Es la oscuridad, Isaías nos ayudará en esta primera reflexión de Cristo Luz: “El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz grande, habitaban tierras de sombras, y una luz les brillos”

¿Es que acaso parte de la humanidad no caminaba en tinieblas, y a palpas porque todavía no se ha encontrado con Cristo Luz? Tinieblas y sombras son el pecado, la corrupción, la mentira, la malversación de fondos. Tinieblas y sombras son las guerras, la violencia, el terrorismo, los crímenes, que suceden al mundo. Tinieblas y sombras son la opresión, el yugo y el bastón con que todavía a 21 siglos de la Venida de Cristo, son azotados algunos hermanos nuestros. La misma ciudad de Belén en este año 2005 está vestida de luto y sin posada por las fuerzas oscuras de la violencia.

¿Esta parte de la humanidad ciega podrá ver la luz-de Cristo, en esta Nochebuena, o seguirá tropezando, hiriéndose, cayendo en medio de tierras de sombras? “A esta humanidad una luz le brilló”

¿Es que acaso nuestra misma Patria no camina en estos momentos por sombras inciertas, inseguras… conducida por gente no iluminada por Cristo-luz de los pueblos y de los corazones?

Y porque no vemos nos quitan el botón de nuestra fe y de nuestros valores morales y cristianos…

Necesitamos ver. Y Cristo en esta Nochebuena se nos presenta como Luz que ilumina nuestro camino hacia el Padre, hacia la eternidad. Cristo luz ilumina nuestra conciencia para que pueda siempre percibir y distinguir el bien del mal.

¿Dónde se aprecia más la luz? En la oscuridad. Por eso Cristo hoy se aprecia mucho más.

II. ¿Qué se necesita para ver esta Luz?
Abrir los ojos. Por más luz que haya, si yo cierro los ojos, no veo.

Abrir los ojos significa limpiarlos, pues, tal vez las lagañas o el llevar una vida disipada nos impide ver esa luz.

San Pablo en su Carta a Tito, que hemos leído nos pone en peligro de todo aquello que nos impide ver a Cristo Luz, todo aquello que nos cierra los ojos del alma para ver esa Luz que emana de Belén: dejarse levar por los deseos y apetencias mundanas, y por una vida sin religión, es decir, sin referencia a Dios y a la moral. ¡Cuántas leyes emanan nuestros gobiernos sin referencias a Dios! ¡Cuantas cosas estamos tentados a hacer, que no llevan esa referencia a Dios, que no goza de esa luz de Dios: odio, malquerencia, violencias, impurezas, envidias, ambiciones, egoísmos, juergas y fiestas mundanas y peligrosas para la fe y la moras!

Y Pablo nos da el colirio para curar nuestros ojos y así ver esa luz de Cristo que brota de Belén: sobriedad de vida, honradez, piedad, como la vida de esos pastores sencillos.

“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”. Abramos los ojos para ver esa luz. El solo mirar esa luz ya nos va purificando

III. ¿Qué hacer con esta luz de Cristo que recibimos en esta Nochebuena, en esta Noche venturosa, en esta Noche llena de claridad?
Nos contesta San Lucas en su Evangelio:

Los ángeles llenaron de luz a los pastores, los envolvieron en esa claridad. Y los pastores, felices, contentos, después de que fueron corriendo a Belén, y se dejaron iluminar con esa Luz de Cristo… salieron corriendo a comunicar a todos esa luz, a llevar esa claridad, el calor de ese Cristo-Luz.

Los corazones de estos pastores estaban caldeados, entusiastas por el contagio de esta luz. Cristo-luz en esta Noche Buena nos pide a todos nosotros llevar esa Su Luz por todos los rincones.
- A nuestros hogares, para que con esa luz de Cristo podamos compartir esa Pan que también hoy recibimos.
-Entre nuestros amigos y vecinos, para que esa luz de Cristo disipe las sombras de la desesperanza e inseguridad.

- Entre quienes sabemos que están necesitados de esa Luz de Cristo.
No nos quedemos con ese Pan, repartámoslo.
No nos quedemos con esa Palabra, comuniquémosla.
No nos quedemos con esa Luz, llevémosla por todas partes.
¡Este es el misterio de la Navidad!

¡A todos ustedes les deseamos una Feliz Noche Buena y Feliz Navidad! Que brille en sus familias la luz de Cristo.