sábado, 15 de junio de 2019

DOMINGO de la SANTÍSIMA TRINIDAD 2019




Día 16 Domingo. Solemnidad: La Santísima Trinidad

La fidelidad de san Juan evangelista a la enseñanza del Señor nos introduce, en este caso, en la intimidad misma de la Trinidad. Las palabras de Jesús que acabamos de recordar deben ser objeto de nuestra pausada meditación. Son suficientes para nosotros, aunque, metidos a partir de ellas en el misterio insondable de la divinidad, el entendimiento humano no comprenda...; pues, como ya sabíamos, a Dios no lo podemos abarcar con la inteligencia. "Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo; espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en Dios Espíritu Santo; amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo". Es necesario que hagamos así. Es preciso actualizar las tres virtudes teologales, que tienen por objeto al mismo Dios, para vivir de ellas. Debemos ser muy de este mundo, pero nuestra vida ha de ser a la vez una vida en Dios, de relación permanente con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Si no fuera así –debemos reconocerlo– estaríamos quedándonos muy cortos, sin el desarrollo y la plenitud de que somos capaces: Dios está contigo. En tu alma en gracia habita la Trinidad Beatísima. —Por eso, tú, a pesar de tus miserias, puedes y debes estar en continua conversación con el Señor. Queramos empaparnos de este convencimiento tan vivo en san Josemaría y en todos los santos. El propósito renovado de pensar en cada una de las divinas Personas, de invocarlas –tal vez sin palabras muchas veces– irá confirmándonos, por efecto de la Gracia santificante, en esa vida en Dios para la que fuimos creados. Una vida no solamente para el futuro, a partir de la muerte; puesto que debe ser una realidad ya actual. Mientras llevamos a cabo nuestros quehaceres más habituales, podemos –debemos– mantener un trato lo más asiduo que sea posible con la Santísima Trinidad. ¿Cómo busco a las Personas divinas durante la jornada? No es una empresa inaccesible ni demasiado espiritual que no pueda ir de acuerdo con los afanes del mundo que vivimos. Dios nos quiere aquí, y aquí nos esperan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo cada día, mientras nos desenvolvemos cada uno entre nuestros afanes. En cada instante podemos vernos ante el Padre, que ama entrañablemente a sus hijos los hombres y espera de nosotros correspondencia. Y que descansemos en su bondad omnipotente, también si por un instante –o por una temporada– perdimos de vista lo que somos y valemos por Él. Aunque queramos seriamente amar a Dios, siempre notamos nuestra fragilidad y, en ocasiones, parece que los defectos conocidos de siempre harán inútil en la práctica todo intento por corresponderle. Tal vez es entonces el momento de comprender, con una nueva luz, que para esta empresa sobrenatural siempre seremos débiles; débiles y desmañados, por la tendencia al pecado, que proviene del pecado de Adán y de los otros pecados nuestros, personales. Entonces invocamos a Dios Padre. Nos apoyamos confiados en su ternura poderosa, en su comprensión de Padre que perdona y anima, que quiere salvarnos: vernos felices gozando con su Amor.

sábado, 1 de junio de 2019

El Espíritu nos hace siempre jóvenes:




El protagonista del pasaje evangélico propuesto por la liturgia de este 28 de mayo es el Espíritu Santo. En su despedida de los discípulos antes de subir al cielo, Jesús – recordó el Papa – nos da una verdadera catequesis sobre el Espíritu Santo, nos explica quién es. Los discípulos están tristes al oír que su Maestro los dejará pronto y Jesús les reprocha por esto, porque – explicó el Obispo de Roma – “la tristeza no es una actitud cristiana”. También afirmó que aunque la vida “no es un carnaval”, y hay muchas dificultades, es posible superarlas y seguir siempre adelante, pero se necesita un diálogo cotidiano con el Espíritu Santo, Aquel que nos acompaña.

sábado, 25 de mayo de 2019

Dejar espacio al Espíritu Santo





El Espíritu Santo nos hace resucitar de nuestros límites y de nuestras muertes, debemos dejarle espacio en nuestra vida. Esta es la exhortación que el Papa dirigió la mañana de este 30 de abril, en su homilía de la Misa en Casa Santa Martha, recordando también que no puede haber vida cristiana sin el Espíritu Santo. El Papa reflexionó sobre la respuesta que Jesús da a Nicodemo en el Evangelio de hoy, que le preguntaba cómo podía nacer de nuevo. Una pregunta que nosotros también nos hacemos. Jesús habla de “renacer desde lo alto” y el Papa traza este vínculo entre la Pascua y el hecho de renacer.

sábado, 18 de mayo de 2019

Enamorados de la ley de Dios




La conversión y Pablo de Tarso en el camino de Damasco, llamado por la voz del Señor, es un “cambio de página en la historia de la Salvación, marca la apertura a los paganos, a los gentiles, y a los que no eran israelitas”. En una palabra es “la puerta abierta a la universalidad de la Iglesia” y está permitida por el Señor porque es “algo importante”. Así es como el Papa Francisco, la mañana de este 10 de mayo, en su homilía de la Misa celebrada en Casa Santa Martha, presentó a los fieles el conocido pasaje de los Hechos de los Apóstoles que surge de la elección de Jesús de cambiar la vida de un hombre que hasta entonces había sido un perseguidor de los cristianos.

domingo, 28 de abril de 2019

DOMINGO II de PASCUA de la Divina Misericordia 2019




Día 28 II Domingo de Pascua, de la Divina Misericordia San Juan nos ofrece en estos versículos una escena verdaderamente pascual. La vida espléndida de Jesús glorioso aparece ante sus discípulos como algo normal. Es la vida propia del Hijo de Dios que nos ha sido prometida en su nombre. De esta vida, lo que hoy meditamos a partir del texto precedente, viene a ser sólo un botón de muestra. Consideremos nada más lo que san Juan nos cuenta de aquella tarde del domingo en que resucitó el Señor. Jesús se presenta ante sus discípulos, Señor de las leyes físicas. Su cuerpo es glorioso –no podemos imaginar esa corporalidad gloriosa– y, a pesar de que le habían abandonado en su momento más duro, los tranquiliza. No sólo les desea la paz, les entrega la paz: la paz sea con vosotros, les dice. Ellos se alegran al verlo y nuevamente les dice: la paz sea con vosotros. Consideremos una vez más, llenos de agradecimiento, que el Señor querrá siempre nuestro bien, nuestra felicidad y alegría, a pesar, incluso, de nuestras infidelidades. Y dicho esto les mostró las manos y el costado. ¡Qué importante es no cerrar los ojos a la realidad! A la realidad del amor de Dios por los hombres y a la realidad de nuestro pecado. A la vista de esas manos y ese costado no hay nada que decir. Unicamente reconocer con humildad y agradecimiento nuestra condición y la suya. Pero, ni se nos ocurra pensar que, con ese gesto, Jesús pretende echar algo en cara a los Apóstoles. El Señor no sabe sino amar. Por eso, mientras ellos lo contemplan con las huellas frescas de la Pasión, con las pruebas del abandono de ellos y de su amor, Él se reafirma en su entrega incondicionada a los hombres y los llena de paz. A continuación el amor de Dios por los hombres llega a su cénit: Jesús despliega para sus discípulos y para toda la humanidad los frutos de su Pasión. Entrega el Espíritu Santo y configura a unos hombres –simples criaturas– con Él mismo: Como el Padre me envió así os envío yo. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos. Que no queramos salir en nuestra oración de las acciones de gracias. Nos entrega al Paráclito, nos encomienda su misma misión, nos perdona y garantiza que jamás nos faltará su perdón. —¡Dios es mi Padre! —Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración. —¡Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón. —¡El Espíritu Santo es mi Consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino. Piénsalo bien. —Tú eres de Dios..., y Dios es tuyo. Así se expresaba san Josemaría. Y nosotros vamos a decirle a Jesús que no nos deje ser injustos, que nos abra bien los ojos y nos llene de su luz, para darnos cuenta de lo que somos y valemos; de lo que podemos porque así lo ha querido Dios. Que nos llenemos de afán de corresponder y que muchos, que están a nuestro lado pero tal vez no se enteran, vibren también felices –¡entusiasmados!– con Él. Pero, estemos en guardia, que en cada uno hay un Tomás desconfiado que "necesita pruebas", que quiere que las cosas le "entren por los ojos". Queramos acostumbrarnos en cambio a lo sorprendente; a algo mucho mayor de lo que nuestros ojos pueden llegar a comprobar. Habremos de poner los medios humanamente desproporcionados de la oración y la expiación, y el empeño por extender en el mundo el Reino de Dios, asimismo desproporcionado e increíble para los criterios meramente terrenos. Estaremos así viviendo el "permanente tiempo Pascual" que comenzó a partir de la Resurrección de Cristo. Un tiempo apostólico para el que contamos con los mismos medios que los discípulos –sintiéndonos uno de ellos–, siguiendo el consejo del Señor: rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. A la Virgen la llamamos cada día "Reina de la paz" en el rezo del Santo Rosario. Le pedimos la paz que Ella siente, siempre confiada en el amor que Dios le tiene.

domingo, 21 de abril de 2019

Pascua - Mensaje y Bendición “Urbi et Orbi” 2019-04-21



Balcón central de la Basílica de San Pedro - Mensaje y Bendición "Urbi et Orbi" de Papa Francisco

Domingo de Resurrección - Santa Misa del día 2019-04-21



Plaza de San Pedro - Domingo de Resurrección - Santa Misa del día celebrada por el Santo Padre Francisco