sábado, 27 de abril de 2013

Papa Francisco: necesitamos comunidades abiertas





La comunidad cristiana debe abrirse al Señor, a la alegría, al testimonio positivo. Si una comunidad no es libre, no es creyente de verdad, se encierra en sí misma y queda dominada por dinámicas negativas, subrayó el Papa Francisco en su homilía en Santa Marta, en presencia de un grupo de empleados vaticanos. Voz Papa
Su vida comunitaria para defender la verdad - pues creen que defienden la verdad -- es la calumnia, el chisme... son comunidades chismosas, hablan en contra, destruyen al otro... por el contrario la comunidad libre, con la libertad de Dios y del Espíritu Santo seguía adelante, aún en las persecuciones. Y la palabra del Señor se difundía en toda la región. Es propio de la comunidad del S ...

sábado, 20 de abril de 2013

Idolos de este Mundo





Despojarnos de tantos ídolos para adorar sólo a Jesús
El Papa Francisco celebró esta tarde la Santa Misa en San Pablo Extramuros en su primera visita como Obispo de Roma a esta basílica papal.
En su homilía, tras agradecer las palabras del el Cardenal Arcipreste James Harvey, el Santo Padre saludó, a agradeció a todos los presentes recordando que este complejo surge sobre la tumba de San Pablo, a quien definió "un humilde y gran Apóstol del Señor", que lo anunció con la palabra, dando testimonio de él con el martirio y adorándolo con todo su corazón.
Y añadió que deseaba reflexionar, a la luz de la Palabra de Dios que acababan de escuchar, precisamente sobre estos tres verbos, a saber: anunciar, dar testimonio y adorar.
"Recordémoslo bien todos -- dijo textualmente el Pontífice-- no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, minan la credibilidad de la Iglesia".
Tras destacar que todo esto sólo es posible si reconocemos a Jesucristo, porque es él quien nos ha llamado, nos ha invitado a recorrer su camino y nos ha elegido, el Papa dijo: "Anunciar y dar testimonio es posible únicamente si estamos junto a él, justamente como Pedro, Juan y los otros discípulos estaban en torno a Jesús resucitado, como dice el pasaje del Evangelio de hoy; hay una cercanía cotidiana con él, y ellos saben muy bien quién es, lo conocen". Mientras el Evangelista subraya que "ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor" (Jn 21,12). "Esto -- dijo el Papa -- es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como 'el Señor', y lo adoremos".
Francisco invitó a preguntarnos si todos adoramos al Señor. "¿Acudimos a Dios sólo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a él también para adorarlo?". E insistió en "¿qué quiere decir adorar a Dios?". "Significa -- afirmó -- aprender a estar con él, a pararse a dialogar con él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas". Porque como explicó el Obispo de Roma, cada uno de nosotros, en la propia vida, de manera consciente y tal vez a veces sin darse cuenta, tiene un orden muy preciso de las cosas consideradas más o menos importantes; por lo que "adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer -- pero no simplemente de palabra -- que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, de nuestra historia".
Hacia el final de su homilía el Papa recordó que esto tiene una consecuencia en nuestra vida: "despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros". Por esta razón reafirmó que deseaba que resonara una pregunta en el corazón de cada uno, y que respondiéramos a ella con sinceridad": ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor?". Porque como explicó el Santo Padre, "adorar es despojarse de nuestros ídolos, también de esos más recónditos, y escoger al Señor como centro, como vía maestra de nuestra vida".
El Papa concluyó diciendo que "el Señor nos llama cada día a seguirlo con valentía y fidelidad; nos ha concedido el gran don de elegirnos como discípulos suyos; nos envía a proclamarlo con gozo como el Resucitado, pero nos pide que lo hagamos con la palabra y el testimonio de nuestra vida en lo cotidiano. El Señor es el único, el único Dios de nuestra vida, y nos invita a despojarnos de tantos ídolos y a adorarle sólo a él. Que la Santísima Virgen María y el Apóstol Pablo nos ayuden en este camino, e intercedan por nosotros. Amén".

sábado, 13 de abril de 2013

El Señor Resucitado es la esperanza que no decepciona





"La esperanza de nosotros, los cristianos, es fuerte, segura y sólida en esta tierra, donde Dios nos ha llamado a caminar, y está abierta a la eternidad, porque está fundada en Dios, que siempre es fiel". Con este pensamiento el Papa saludó a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para la audiencia general del miércoles. Prosiguiendo las catequesis dedicadas al Año de la fe, el Pontífice invitó a todos a testimoniar, en la vida diaria, con gestos claros y sencillos, la esperanza del Señor Resucitado, una esperanza que no desvanece. "Ser resucitados con Cristo mediante el Bautismo, con el don de la fe", explicó Francisco, no se reduce sencillamente "a seguir órdenes, sino que quiere decir estar e .

lunes, 8 de abril de 2013

El papa Francisco, un apóstol de la misericordia






Madrid, 07 de abril de 2013 (Zenit.org) Iván de Vargas

El lema del papa Francisco, Miserando atque eligendo, es un homenaje a la misericordia divina. Ciertamente, esta expresión reviste un significado particular en la vida y en el itinerario espiritual del santo padre.
En 1953, a la edad de 17 años, el joven Jorge Mario Bergoglio experimenta, de un modo del todo particular, la presencia amorosa de Dios en su vida. Después de una confesión, siente su corazón tocado y advierte la llegada de la misericordia de Dios, que, con mirada de tierno amor, le llama a la vida religiosa a ejemplo de san Ignacio de Loyola.
Una vez elegido obispo, el religioso jesuita, en recuerdo de tal acontecimiento, que marca los inicios de su total consagración a Dios en Su Iglesia, decide elegir, como lema y programa de vida, el citado enunciado de San Beda "lo miró con misericordia y lo eligió", que también ha querido reproducir en su escudo pontificio.
Para el nuevo papa, la misericordia de Dios es el mensaje "más fuerte" y una idea central de su pensamiento.
Al ser creado cardenal por el papa Juan Pablo II, monseñor Bergoglio dice: "Sólo alguien que ha encontrado la misericordia, que ha sido acariciado por la misericordia, está feliz y cómodo con el Señor".
Además, el entonces purpurado argentino acude anualmente al santuario de Villa Urquiza, en Buenos Aires, para celebrar la fiesta patronal en honor de Jesús Misericordioso. Asimismo, no falta a su cita con la Caravana Nacional de la Divina Misericordia.
Siendo arzobispo de Buenos Aires, tiene también una importante intervención en el Primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, celebrado en el año 2008 en Roma.
Quienes le conocen bien aseguran que el padre Bergoglio siempre recomienda a sus sacerdotes misericordia, valentía apostólica y puertas abiertas a todos.
Tras su elección como sucesor de Pedro, todavía resuenan con fuerza las palabras del papa Francisco en la pequeña iglesia parroquial de Santa Ana: "La misericordia cambia el mundo, hace al mundo menos frío y más justo. El rostro de Dios es el rostro de la misericordia, que siempre tiene paciencia. [...] Dios nunca se cansa de perdonarnos. El problema es que nosotros nos cansamos de pedirle perdón. ¡No nos cansemos nunca! Él es el padre amoroso que siempre perdona, que tiene misericordia con todos nosotros".
En el reciente pregón pascual, la invitación del santo padre es clara: "Dejémonos renovar por la misericordia de Dios, dejemos que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas; y hagámonos instrumentos de esta misericordia".