domingo, 31 de agosto de 2008

Sólo Dios puede colmar la sed espiritual del hombre, advierte el Papa



header_original_modEn su visita a una parroquia romana y en el Ángelus dominical en el Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 24 febrero 2008 (ZENIT.org).- Igual que existe una sed física de agua indispensable para vivir en la tierra, «existe también en el hombre una sed espiritual que sólo Dios puede colmar», advierte Benedicto XVI.

El Evangelio de este domingo, sobre el diálogo de Jesús con la samaritana en el pozo de Sicar, permitió al Papa mostrar el efecto de la palabra de Dios, aprovechando la visita que hizo a la parroquia romana de Santa María Liberadora en Monte Testaccio y el posterior rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, en el Vaticano.

El centenario de la consagración de la actual iglesia -encomendada a los salesianos, recibió la visita de Pablo VI en 1966 y Juan Pablo II en 1979- fue el marco de la Eucaristía que presidió en ella Benedicto XVI, acogido calurosamente por una comunidad joven y vital.

«En el diálogo entre Jesús y la samaritana vemos trazado el itinerario espiritual de cada uno de nosotros», dijo el Papa en su homilía.

La sed espiritual que existe en el hombre, «que sólo Dios puede colmar», «se trasluce claramente» en aquel diálogo, en el que Jesús pide a la samaritana: «Dame de beber», una petición con la que «en realidad [Él] pone en marcha en su interlocutora un camino interior que hace brotar en ella el deseo de algo más profundo», desgranó el Santo Padre.

En efecto, en cierto momento «es la propia mujer la que le pide agua a Jesús --siguió--, manifestando que en toda persona existe una necesidad innata de Dios y de la salvación que sólo Él puede brindar».

Se trata de «una sed de infinito que sólo se puede saciar con el agua que Jesús ofrece, el agua viva del Espíritu», recalcó.

E igual que ocurrió con la samaritana, «Jesús quiere llevarnos a profesar nuestra fe en Él con fuerza, para que podamos nosotros después anunciar y testimoniar a nuestros hermanos la alegría del encuentro con Él y las maravillas que su amor realiza en nuestra existencia» --recordó el Santo Padre--, porque «la fe nace del encuentro con Jesús, reconocido y acogido» como el Salvador.

Momentos después, en el rezo del Ángelus, de regreso al Vaticano, el Papa exhortó a los fieles y peregrinos: «Abramos también nosotros el corazón a la escucha confiada de la palabra de Dios para encontrar, como la samaritana, a Jesús que nos revela su amor y nos dice: el Mesías, tu salvador, "soy yo, el que te está hablando"(Jn 4,26)».

Cuando Jesús manifiesta su sed, ésta «es una puerta de entrada al misterio de Dios», quien «tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor», quien «como un padre bueno y misericordioso desea para nosotros todo el bien posible, y este bien es Él mismo», observó Benedicto XVI.

E indicó en la mujer de Samaría el ejemplo de «insatisfacción existencial de quien no ha encontrado lo que busca».

De hecho, antes de despedirse de la parroquia en Monte Testaccio, en un breve encuentro festivo con los fieles -en el salón de actos parroquial--, el Papa volvió, espontáneamente, al tema de la samaritana, «una representación del hombre moderno, de la vida moderna».

«Ha tenido cinco maridos; ahora vive con otro. Se ve que hace amplio uso de su libertad y sin embargo no es más libre, sino que está más vacía», constató.

Pero es «conmovedor --reconoció-- que en esta mujer, en el momento en que Cristo le habla, se ve en lo profundo de su corazón que hay un interrogante: ¿Existe Dios?».

E insistió en el salto evangelizador que sigue al encuentro con Cristo. «Dando la fe también nosotros crecemos en la fe --aclaró-- y podemos entender y vivir que esta fe es el agua que necesitamos para vivir».

Además hizo hincapié en que «a partir del encuentro con Cristo, nace la alegría»; por eso «la verdadera santidad es alegre».

Y admitió que le había impresionado, del saludo que le dirigió el párroco don Manfredo Leone -en el inicio de la Eucaristía--, su afirmación: «Tenemos más futuro que pasado». «Esto es la verdad de nuestra Iglesia, que siempre tiene más futuro que pasado, y por eso con valor seguimos adelante», afirmó el Papa.

Una misión parroquial es el proyecto inmediato de Santa María Liberadora para reevangelizar el Testaccio, pero también, como dijo su párroco a Benedicto XVI, «seguir haciendo de la parroquia una familia de familias».

En el horizonte de la comunidad siempre está «el anuncio de que Jesús es el Señor», prestando «especial atención a las familias y a los jóvenes, en fidelidad al carisma de san Juan Bosco». «Gran ayuda para ello -admitió don Manfredo Leone- es la carta del Papa sobre la educación», difundida ampliamente este último mes.

De hecho, el sábado, en la Plaza de San Pedro, Benedicto XVI hizo entrega de esta «Carta sobre la tarea urgente de la educación» a la diócesis de Roma, representada en más de cincuenta mil fieles.

Por Marta Lago



domingo, 24 de agosto de 2008

San Agustín definió la «verdadera laicidad», recuerda el Papa



Diferencia entre esfera política y esfera de la fe

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 20 febrero 2008 (ZENIT.org).- La «verdadera laicidad» es un concepto antiguo que ya había sido definido por san Agustín, recuerda Benedicto XVI, al aclarar la diferencia entre la esfera política y la esfera de la fe.
Joseph Ratzinger, que dedicó al teólogo y filósofo del norte de África su tesis doctoral, dedicó la cuarta de las audiencias generales a este «padre de la Iglesia que ha dejado el mayor número de obras», algunas de ellas «de importancia capital, y no sólo para la historia del cristianismo sino también para la formación de toda la cultura occidental».
Entre otras, el pontífice recordó «De civitate Dei» [La Ciudad de Dios], «obra imponente y decisiva para el desarrollo del pensamiento político occidental y para la teología cristiana de la historia, escrita entre los años 413 y 426 en 22 libros».
La ocasión de su redacción fue el saqueo de Roma por parte de los godos en el año 410.
Ante la caída de Roma, algunos paganos ponían en duda la grandeza del Dios cristiano, que parecía incapaz de defender la ciudad.
«A esta objeción, que también tocaba profundamente el corazón de los cristianos, responde san Agustín con esta grandiosa obra», «aclarando qué es lo que debían esperarse de Dios y qué es lo que no podían esperar de Él, cuál es la relación entre la esfera política y la esfera de la fe, de la Iglesia».
«Todavía hoy este libro es una fuente para definir bien la auténtica laicidad y la competencia de la Iglesia, la gran esperanza que nos da la fe», aclaró.
Como viene explicando Benedicto XVI en su pontificado, la laicidad no significa represión de la libertad religiosa (eso sería más bien el laicismo), sino la garantía para que los creyentes de las diferentes religiones puedan ejercer sus derechos fundamentales.
Como el Papa explicó, esta obra de Agustín de Hipona se basa en una interpretación fundamental de historia, «la lucha entre dos amores: el amor propio, "hasta llegar a menospreciar a Dios" y el amor a Dios "hasta llegar al desprecio de sí mismo"»
El Papa repasó otros de los escritos que dejó el santo africano, uno de los autores más prolíficos de la historia (a su muerte se contabilizaron al menos 1.300 escritos, aunque se considera que escribió entre 3.000 y 4.000 homilías).
Como es lógico, comentó su libro más publicado, las «Confesiones», autobiografía en la que «la propia miseria a la luz de Dios se convierte en alabanza de Dios y en acción de gracias, pues Dios nos ama y nos acepta, nos transforma y nos eleva hacia sí».
«Gracias a las "Confesiones" podemos seguir, paso a paso, el camino interior de este hombre extraordinario y apasionado de Dios», aclaró el Papa.
Citando al amigo y biógrafo de Agustín, el Papa concluyó explicando que el gran santo y teólogo está «siempre vivo» en sus obras.
«Está realmente vivo en sus escritos, está presente en nosotros y de este modo vemos también la permanente vitalidad de la fe por la que dio toda su vida», concluyó.
Las evocaciones de Benedicto XVI sobre san Agustín, en las que no ha dejado de confesar su admiración por este pensador, forman parte de la serie de catequesis que está ofreciendo sobre las grandes figuras de los inicios de la Iglesia.

sábado, 16 de agosto de 2008

La misión de la Iglesia pasa por el ecumenismo, asegura el Papa


header_original_modEn plena Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 20 enero 2008 (ZENIT.org).- La misión de la Iglesia en estos momentos pasa por el avance en el camino ecuménico, aseguró Benedicto XVI este domingo en plena Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

Al rezar la oración mariana del Ángelus junto a unos 200.000 peregrinos, congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice exhortó: «¡No tenemos que cansarnos nunca de rezar por la unidad de los cristianos!».

«Cuando Jesús, durante la Última Cena, rezó para que todos "sean uno", tenía un fin preciso: "para que el mundo crea"», explicó recordando el pasaje evangélico de Juan 17, 21.

«La misión evangelizadora de la Iglesia pasa por tanto por el camino ecuménico, el camino de la unidad de fe, del testimonio evangélico y de la auténtica fraternidad», aseguró el obispo de Roma.

De este modo, el pontífice comentó el lema para la semana ecuménica de este año, que cumple un siglo de vida, «No ceséis de orar».

En este octavario «católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes, conscientes de que sus divisiones constituyen un obstáculo a la acogida del Evangelio, imploran juntos del Señor, de manera todavía más intensa, el don de la plena comunión».

Recordó que esta «iniciativa providencial» surgió por iniciativa del padre Paul Wattson, de origen anglicano, y saludó a sus hijos e hijas espirituales, presentes en el encuentro con el Papa, los hermanos y hermanas franciscanos del Atonement, a quienes alentó «a continuar en su entrega especial a la causa de la unidad».

«La oración --aclaró--, la conversión del corazón, la intensificación de los vínculos de comunión constituyen la esencia de este movimiento espiritual, que esperamos pueda llevar pronto a los discípulos de Cristo a la común celebración de la Eucaristía, manifestación de su plena unidad».

El viernes, 25 de enero, Benedicto XVI clausurará en la Basílica de San Pablo Extramuros la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos con las Vísperas solemnes, en las que participarán representantes de las iglesias y comunidades eclesiales.

En ese encuentro, como reveló el Papa, juntos invocarán «de Dios el don precioso de la reconciliación entre todos los bautizados».