sábado, 29 de agosto de 2020

El Papa: ninguna tolerancia para el racismo, pero no a la violencia

Palabras del Papa tras la trágica muerte del Sr. George Floyd.



Fuente: Vatican News



Al final de la Audiencia General de este miércoles 3 de junio el Papa Francisco dirigió su pensamiento a los Estados Unidos, sacudido estos días por una serie de disturbios sociales tras la muerte de George Floyd, de 46 años de edad, durante su arresto en la ciudad de Minneapolis el pasado 25 de mayo.

Queridos hermanos y hermanas de los Estados Unidos, sigo con gran preocupación los dolorosos disturbios sociales que se están produciendo en su nación en estos días, tras la trágica muerte del Sr. George Floyd.

Queridos amigos, no podemos tolerar ni cerrar los ojos ante ningún tipo de racismo o exclusión y pretender defender la santidad de toda vida humana. Al mismo tiempo, debemos reconocer que "la violencia de las últimas noches es autodestructiva y provoca autolesión. Nada se gana con la violencia y mucho se pierde".

Hoy me uno a la Iglesia de San Pablo y Minneapolis, y a todos los Estados Unidos, para rezar por el descanso del alma de George Floyd y de todos los demás que han perdido sus vidas por el pecado del racismo. Rezamos por el consuelo de las familias y amigos afligidos, y rezamos por la reconciliación nacional y la paz que anhelamos. Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América, interceda por todos los que trabajan por la paz y la justicia en su tierra y en el mundo. Dios los bendiga a todos ustedes y a sus familias.

También los obispos de los Estados Unidos expresaron su comprensión por la indignación de la comunidad afroamericana, subrayando cómo el racismo haya sido tolerado demasiado tiempo, pero también cuánto la violencia sea autodestructiva. Los disturbios que sucedieron al fallecimiento de Floyd se multiplicaron en muchas ciudades de los Estados Unidos, con escenas de guerrilla urbana y protestas contra la policía, las cuales han causado más de 4 mil arrestos y el toque de queda impuesto en casi 40 ciudades.

sábado, 15 de agosto de 2020

Hoy, celebramos una conquista infinitamente más grande: La Virgen ha ido al paraíso

Ángelus del Papa, 15 de agosto de 2020


Por: Patricia Ynestroza | Fuente: Vatican News



En el rezo mariano del Ángelus, el Papa Francisco recuerda, en la fiesta de la Asunción de María al Cielo, el paso de la “pequeña Virgen de Nazaret”.

“Cuando el hombre puso un pie en la Luna, se dijo una frase que se hizo famosa: «Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad». De hecho, la humanidad había alcanzado un hito histórico. Pero hoy, en la Asunción de María al Cielo, celebramos una conquista infinitamente más grande. La Virgen ha puesto sus pies en el paraíso: no ha ido solo en Espíritu, sino también con el cuerpo, toda ella. Este paso de la pequeña Virgen de Nazaret ha sido el gran salto de la humanidad”.

El Papa señaló que de nada sirve alcanzar hitos históricos, ir a la Luna si no vivimos como hermanos en la Tierra. En cambio, saber que un ser humano, “que una de nosotros viva en el Cielo con el cuerpo nos da esperanza: entendemos que somos valiosos, destinados a resucitar. Dios no dejará desvanecer nuestro cuerpo en la nada”, afirmó.

 

La esperanza de los cristianos

 
¡Con Dios nada se pierde! Exclamó el Pontífice, en María se alcanza la meta y tenemos ante nuestros ojos la razón por la que caminamos: no para conquistar las cosas de aquí abajo, que se desvanecen, aclaró Francisco, sino para conquistar la patria allá arriba, que es para siempre. Y la Virgen es la estrella que nos orienta. Ella, afirmó, como enseña el Concilio, «precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo» (Lumen gentium, 68).

María nos guía: la estrella que nos orienta

 
El Santo Padre recuerda el Evangelio de hoy en el que la Virgen, con sus palabras, nos aconseja, poner a Dios como primera grandeza de la vida. El Evangelio lo primero que dice es «engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46), tal vez, dijo el Papa, estamos acostumbrados a escuchar estas palabras, quizá ya no hagamos caso a su significado. Pero la palabra engrandece literalmente significa “hacer grande”, engrandecer, señaló el Pontífice.

“María “engrandece al Señor”: no los problemas, que tampoco le faltaban en ese momento, sino al Señor. ¡Cuántas veces, en cambio, nos dejamos vencer por las dificultades y absorber por los miedos! La Virgen no, porque pone a Dios como primera grandeza de la vida. De aquí surge el Magnificat, de aquí nace la alegría: no de la ausencia de problemas, que antes o después llegan, sino de la presencia de Dios. Porque Dios es grande. Y mira a los pequeños. Nosotros somos su debilidad de amor”.

En su humildad, María se reconoce pequeña y exalta las «maravillas» que el Señor ha hecho en ella: sobre todo el don inesperado de la vida, expresó Francisco, María es virgen y se queda embarazada; y también Isabel, que era anciana, espera un hijo. El Señor “hace maravillas con sus pequeños, con quien no se cree grande, sino que da gran espacio a Dios en la vida. Él extiende su misericordia sobre quien confía en Él y enaltece a los humildes. María alaba a Dios por esto”, exclamó el Papa Francisco.

 

Cada uno de nosotros, ¿alabamos a Dios?

 
El Santo Padre nos pregunta a cada uno de nosotros, si no “acordamos de alabar a Dios”, si le damos las gracias por “las maravillas que hace por nosotros, por cada jornada que nos regala, porque nos ama y nos perdona siempre, por su ternura, y por habernos dado a su Madre, por los hermanos y las hermanas que nos pone en el camino, porque nos ha abierto el Cielo”. Si olvidamos el bien, nos recuerda el Papa, el corazón se encoge. En cambio, si recordamos, como María, las maravillas que el Señor realiza, si al menos una vez al día lo magnificamos, entonces damos un gran paso adelante. El corazón se dilatará, la alegría aumentará, afirmó Francisco.



sábado, 8 de agosto de 2020

El Papa a las Franciscanas Mínimas del Sagrado Corazón: sean madres para el mundo

Celebrarán el centenario del nacimiento al cielo de su fundadora.



Fuente: Vatican News



Comienza hoy un año jubilar en la memoria litúrgica de la beata María Margarita Caiani, religiosa toscana fallecida el 8 de agosto de 1921, después de haber dado nacimiento a la Congregación de las Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón dedicada a la formación de la juventud y al cuidado de los enfermos. 

En 2021, pues, se cumplirán cien años de que la Familia, nacida e inspirada por la beata, vive y trabaja, y Francisco, en vista de este importante aniversario, escribe sus deseos a sus hijas espirituales, para acompañarlas en la preparación del año jubilar. En primer lugar, la suya es una recomendación para encarnar, en el presente, la especificidad del carisma, "perfumando el mundo con el don de la vida", y así afrontar los nuevos retos sin encerrarse en el pasado.

"Mi deseo es que este año – escribe el Papa - sea una ocasión para que toda la Congregación recuerde la vida y las enseñanzas de la Fundadora, así como estos casi ciento veinte años de camino, mirando también a los desafíos del futuro. 

Es una gracia tener un corazón agradecido y reconciliado con el ayer y los ojos llenos de esperanza en el mañana; ¡ay de refugiarse en un pasado que ya no es o en un mañana que aún no es, huyendo del hoy en el que estamos llamados a vivir y a trabaja! Este aniversario les llama a encarnar en nuestro tiempo las especificidades de su carisma. Que el Espíritu Santo, que lo suscitó a principios del siglo pasado, les dé la fuerza para redescubrir su frescura y la capacidad de seguir perfumando el mundo con el don de su vida”.

El estilo de la pequeñez

 
En el mensaje el Santo Padre se detiene en el nombre, "franciscanas mínimas del Sagrado corazón", y dice:

La Madre Caiani, llamándoles Mínimas, quiso resaltar cómo debe ser el estilo de su vida: el estilo de la pequeñez. Esto se confirmó con el injerto del Instituto en el árbol de la gran familia franciscan: se colocaron en la escuela de San Francisco para seguir mejor al Señor, que "se hizo pequeño, eligió este camino", el de “humillarse y humillarse hasta la muerte en la cruz".

Se trata, dice el Pontífice, de un camino “que hay que recorrer todos los días”: un sendero estrecho y arduo, que, si uno lo sigue hasta el final, "la vida se vuelve fructífera", como lo fue "para la Virgen María, mirada por el Altísimo precisamente porque era humilde, pequeña", convirtiéndose así "en la Madre de Dios".

Una vida en perfecta unión con Dios

 
Las hermanas de la Madre Caiani son "Mínimas" y "del Sagrado corazón". En esta segunda especificación Francisco señala dos rasgos: la ternura, propia del amor cercano y concreto con el que Jesús ama, y luego la pertenencia. El Papa escribe:

"El Señor les ha donado la vida, les ha generado la fe y les ha llamado a sí en la vida consagrada atrayéndoles a su corazón. Esta pertenencia se manifiesta de una manera particular en la oración. Toda nuestra vida está llamada, con la gracia del Espíritu, a convertirse en oración. Por eso debemos permitir que el Señor permanezca siempre unido a nosotros. Y así nos transforma, día tras día, haciendo nuestro corazón cada vez más similar al suyo”.

Así, dice Francisco, "sea su vida": en perfecta unión con Dios. Que su “ir al Señor”, sea “lleno de alegría, la alegría del niño que corre a sus padres para abrazarlos y besarlos”. “Impulsadas por el Sagrado Corazón -añade - , serán madres para los hermanos y hermanas que encuentren de la cuna a la tumba, como decía la Beata María Margarita. Anunciarán con alegría que el Señor siempre nos mira con misericordia, tiene un corazón misericordioso”.

Gestos capaces de hacer el mundo más bello

 
Francisco también habló del carisma de las religiosas que tiene “una dimensión reparadora”: “ustedes, con sus oraciones y sus pequeños gestos, siembran en el campo del mundo la semilla del amor de Dios que hace nuevas todas las cosas”. Y recordó, por último, las numerosas obras de las religiosas en países como Italia, Brasil, Egipto, Sri Lanka y Belén: “gestos”, dice el Papa, “capaces de hacer el mundo más bello, de iluminarlo con un rayo de amor de Dios”.



sábado, 1 de agosto de 2020

El infierno de los campos de refugiados




“Todo lo que hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”, ya sea “para bien o para mal”. Así lo recordó el Papa Francisco en su homilía en la Misa del pasado 8 de julio, en el 7º Aniversario de su visita a Lampedusa. “Esta advertencia es hoy de ardiente actualidad”, dijo, afirmando, por otra parte, que lo que está pasando hoy con Libia: nos dan una versión “destilada” de la realidad.