sábado, 26 de septiembre de 2009

Sin obras puras, la fe no basta para salvarse, recuerda el Papa


header_original_mod"¿Quién es para ti Jesús de Nazaret?", pregunta a los creyentes

CASTEL GANFOLFO, domingo, 13 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI explicó este domingo que si la fe no está acompañada por obras puras no es sincera y por tanto no lleva a la salvación.

Al comentar los pasajes del Nuevo Testamento de la liturgia de este domingo, el pontífice planteó dos preguntas a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo"¿Quién es para ti Jesús de Nazaret?" y "Tu fe, ¿se traduce en obras o no?".

La primera pregunta la había planteado Jesús, en el pasaje evangélico de este domingo, y recibió la respuesta de Pedro: "Tú eres el Cristo", como aclaró el Papa, "el Mesías, el consagrado de Dios enviado para salvar a su pueblo".

Ahora bien, como recordó su mismo sucesor en la sede de Roma, "inmediatamente después de esta profesión de fe, sin embargo, cuando Jesús por primera vez anuncia abiertamente que tendrá que sufrir y morir, el mismo Pedro se opone a la perspectiva de sufrimiento y muerte".

"Entonces Jesús tiene que reprenderle con fuerza para darle a entender que no basta creer que Él es Dios, sino que movidos por la caridad es necesario seguirle por su mismo camino, el de la cruz".

Por eso, aclaró el pontífice, "Jesús no ha venido para enseñarnos una filosofía, sino para mostrarnos un camino, es más, el camino que lleva a la vida. Este camino es el amor, que es la expresión de la verdadera fe".

"Si uno ama al prójimo con corazón puro y generoso, quiere decir que conoce verdaderamente a Dios --advirtió--. Si, por el contrario, uno dice que tiene fe, pero no ama a los hermanos, no es un verdadero creyente. Dios no vive en Él".

El Papa subrayó esta verdad citando un pasaje de san Juan Crisóstomo, el padre de la Iglesia cuya fiesta celebraba la liturgia este día, cuando decía: "uno puede tener una recta fe en el Padre y en el hijo, así como en el Espíritu Santo, pero si no sigue la recta vía, su fe no le servirá para la salvación"

El Santo Padre concluyó presentando el ejemplo de María, "que creyó en la palabra del Señor, no perdió su fe en Dios cuando vio a su Hijo rechazado, ultrajado y crucificado, sino que permaneció a su lado, sufriendo y orando, hasta el final. Y vio la aurora radiante de su Resurrección".

"Aprendamos de Ella a testimoniar nuestra fe con una vida de humilde servicio, dispuestos a pagar el precio necesario para permanecer fieles al Evangelio de la caridad y de la verdad, seguros de que no se pierde nada de lo que hacemos", concluyó.


sábado, 19 de septiembre de 2009

Inédito de Benedicto XVI: San Buenaventura y la historia de la salvación


Introducción al segundo volumen de las obras completas de Joseph Ratzinger

CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 19 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).-


Publicamos la introducción que ha escrito Benedicto XVI para el segundo volumen de las obras completas de Joseph Ratzinger ("Gesammelte Schriften").

El volumen fue presentado al Papa el 13 de septiembre por la persona encargada de recoger sus escritos, monseñor Gerhard Ludwig Müller, obispo de Ratisbona, y ha sido editado en alemán por Herder.

El volumen publica por primera vez el texto íntegro de la tesis de habilitación a la docencia que el joven Ratzinger dedicó a la comprensión de la Revelación y a la teología de la historia de san Buenaventura ("Offenbarungsverständnis und Geschichtstheologie Bonaventuras").



* * *



A la publicación de mis escritos sobre la liturgia le sigue ahora, en la edición general de mis obras, un libro con estudios sobre la teología del gran franciscano y doctor de la Iglesia Buenaventura Fidanza. Desde el principio era evidente que esta obra incluiría también mis estudios sobre el concepto de Revelación en el santo, realizados junto a la interpretación de su teología de la historia, en los años 1953-1955, pero hasta ahora inéditos. Para completar todo este trabajo, el manuscrito debía ser revisado y corregido según las modernas formas editoriales, pero no me sentí capaz de hacerlo. La profesora Marianne Schlosser de Viena, profunda conocedora de la teología medieval y en particular de las obras de san Buenaventura, tuvo la consideración de ofrecerse a realizar esa labor, necesaria y ciertamente no fácil. Por esto no puedo menos de darle las gracias de todo corazón. Al hablar del proyecto estuvimos enseguida de acuerdo en que no se trataba de reelaborar el libro desde el punto de vista del contenido ni de continuar la investigación hasta el estado actual. Más de medio siglo después de la redacción del texto, eso habría significado en la práctica escribir un nuevo libro. Además yo deseaba que fuera una edición "histórica", que ofreciera, tal como era, un texto concebido en un pasado lejano, dejando a la investigación la posibilidad de sacar de él provecho incluso hoy. De la labor editorial realizada trata la introducción de la profesora Schlosser, quien, junto con sus colaboradores, ha invertido mucho tiempo y ha puesto gran empeño en la preparación de una edición histórica del texto, confiando en el hecho de que teológica e históricamente valía la pena hacerlo accesible a todos en su integridad.


En la segunda parte del libro se presenta de nuevo la Teología de la historia de san Buenaventura como se publicó en 1959. Los ensayos que siguen proceden, con pocas excepciones, del estudio sobre la interpretación de la Revelación y de la teología de la historia. En algunos casos han sido adaptados para poder constituir un texto completo, modificándolos ligeramente según el contexto. La idea de actualizar el manuscrito y presentarlo como libro al público tuve que abandonarla temporalmente junto al proyecto de un estudio comentado del Hexamerón, pues la actividad de experto conciliar y las exigencias de mi docencia académica requerían tanto empeño que hacían impensable la investigación medievalista. En el período posconciliar, el cambio de la situación teológica y las nuevas circunstancias en la universidad alemana me absorbieron de tal forma que pospuse el trabajo sobre san Buenaventura al período sucesivo a la jubilación. Entretanto el Señor me ha llevado por otros caminos y así ahora se publica el libro en su forma actual. Espero que otros realicen la tarea de comentar el Hexamerón.


En un primer momento la exposición del tema de la obra podría parecer sorprendente, y de hecho lo es. Después de mi tesis sobre el concepto de Iglesia en san Agustín, mi maestro Gottlieb Söhngen me propuso que me dedicara al medioevo y en particular a la figura de san Buenaventura, que fue el representante más significativo de la corriente agustiniana en la teología medieval. En cuanto al contenido, tuve que afrontar la segunda cuestión importante de la que se ocupa la teología fundamental, o sea, el tema de la Revelación. En aquel tiempo, en particular con motivo de la célebre obra de Oscar Cullmann Christus und die Zeit (Zurich, 1946), el tema de la historia de la salvación, especialmente su relación con la metafísica, se había convertido en el centro del interés teológico. Si la Revelación en la teología neoescolástica se había entendido esencialmente como transmisión divina de misterios, que permanecen inaccesibles al intelecto humano, hoy la Revelación se considera como una manifestación de sí mismo por parte de Dios en una acción histórica y la historia de la salvación se contempla como elemento central de la Revelación. Mi tarea consistía en intentar descubrir cómo había entendido san Buenaventura la Revelación y si para él existía algo semejante a una idea de "historia de la salvación".


Fue una tarea difícil. La teología medieval no posee ningún tratado de revelatione ("sobre la Revelación") como sucede en cambio en la teología moderna. Además, demostré enseguida que la teología medieval no conoce siquiera un término para expresar desde un punto de vista de contenido nuestro concepto moderno de Revelación. La palabra revelatio, que es común a la neoescolástica y a la teología medieval, no significa, como se ha ido evidenciando, lo mismo en la teología medieval y en la moderna. Por eso tuve que buscar las respuestas a mi planteamiento del problema en otras formas lingüísticas y de pensamiento, e incluso modificarla respecto a cuando me había aproximado a la obra de san Buenaventura. Ante todo había que llevar a cabo difíciles investigaciones sobre su lenguaje. Tuve que dejar de lado nuestros conceptos para comprender qué entendía san Buenaventura por Revelación. En cualquier caso se ha demostrado que el contenido conceptual de Revelación se adaptaba a gran número de conceptos: revelatio, manifestatio, doctrina, fides, y así sucesivamente. Sólo una visión de conjunto de estos conceptos y de sus aserciones permite comprender la idea de Revelación en san Buenaventura.


El hecho de que en la doctrina medieval no existiera concepto alguno de "historia de la salvación" en el sentido actual del término quedó claro desde el principio. Con todo, dos indicios demostraron que en san Buenaventura estaba presente el problema de la Revelación como camino histórico. Ante todo se presentó la doble figura de la Revelación como Antiguo y Nuevo Testamento, que planteó la cuestión de la sintonía entre la unidad de la verdad y la diversidad de la mediación histórica suscitada desde la edad patrística y después afrontada también por los teólogos medievales. A esta forma clásica de la presencia del problema de la relación entre historia y verdad, que san Buenaventura comparte con la teología de su tiempo y que trata a su manera, se añade en él también la novedad de su punto de vista histórico, según el cual la historia, que es proseguimiento de la obra divina, se convierte en un desafío dramático. Joaquín de Fiore (+1202) había enseñado un ritmo trinitario de la historia. A la edad del Padre (Antiguo Testamento) y a la edad del Hijo (Nuevo Testamento, Iglesia), debía seguir una edad del Espíritu Santo en la cual, con la observancia del Sermón de la Montaña, se manifestarían espíritu de pobreza, reconciliación entre griegos y latinos, reconciliación entre cristianos y judíos, y llegaría un tiempo de paz. Gracias a una combinación de cifras simbólicas, el erudito abad había predicho el inicio de una nueva era en 1260. En torno a 1240 el movimiento franciscano se encontró con estos escritos, que en muchos tuvieron un efecto electrizante: esta nueva era, ¿no había comenzado tal vez con san Francisco de Asís? Por este motivo, dentro de la Orden se creó una tensión dramática entre "realistas", que querían utilizar el legado de san Francisco según las posibilidades concretas de la vida de la Orden como se había transmitido, y "espirituales", que en cambio apuntaban a la novedad radical de un período histórico nuevo.


Como ministro general de la Orden, san Buenaventura tuvo que afrontar el enorme desafío de esta tensión, que para él no era una cuestión académica, sino un problema concreto de su encargo como séptimo sucesor de san Francisco. En este sentido la historia fue de improviso tangible como realidad y como tal tuvo que ser afrontada con la acción real y con la reflexión teológica. En mi estudio procuré explicar de qué modo san Buenaventura afrontó este desafío y puso en relación la "historia de la salvación" con la "Revelación".


Desde 1962 no había vuelto a tomar en mis manos el escrito. Así que me ha entusiasmado releerlo después de tanto tiempo. Está claro que el planteamiento del problema, así como el lenguaje del libro, reflejan la influencia de la realidad de los años cincuenta. Además, para las investigaciones lingüísticas no existían los medios técnicos de los que disponemos ahora. Por este motivo la obra tiene sus limitaciones y evidentemente está marcada por el influjo del período histórico en que fue concebida. Sin embargo, al volver a leerla, he tenido la impresión de que sus respuestas están fundadas, aunque superadas en muchos detalles, y que todavía tienen algo que decir hoy. Sobre todo me he dado cuenta de que la cuestión de la esencia de la Revelación y el hecho de volver a proponerla, que es el tema del libro, siguen teniendo hoy su urgencia, tal vez incluso mayor que en el pasado.


Al final de esta introducción, además de dar las gracias a la profesora Schlosser, deseo expresar mi gratitud al obispo de Ratisbona, Gerhard Ludwig Müller, quien, a través de la fundación del Institut Papst Benedikt XVI, ha hecho posible la publicación de esta obra y ha seguido, con activa participación, el proceso editorial de mis escritos. Asimismo, doy las gracias a los colaboradores del Instituto, el profesor Rudolf Voderholzer, el doctor Christian Schaller, los señores Franz-Xaver Heibl y Gabriel Weiten. Y no en último lugar manifiesto mi agradecimiento a la editorial Herder, que se ha ocupado de la publicación de este libro con la precisión que la caracteriza.

Dedico la obra a mi hermano Georg por su octogésimo quinto cumpleaños, agradecido por la comunión de pensamiento y de camino de toda una vida.


Roma, solemnidad de la Ascensión de Cristo 2009.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Benedicto XVI alienta a la UNESCO en la alfabetización


Una "cantera de humanización"


CIUDAD DEL VATICANO, viernes 11 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).-


Benedicto XVI ha alentado el trabajo a favor de la alfabetización que realiza la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) por considerar que se trata de una "cantera de humanización".

El mensaje pontificio, enviado en nombre del Papa por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, está dirigido al director general de esa institución, Koichiro Matsuura, con motivo del Día Internacional de la Alfabetización, celebrado el 8 de septiembre.

El mensaje del Papa llegó a la sede de la UNESCO, en París, cuando tenía lugar la reunión de su Consejo Ejecutivo.

En la misiva, el obispo de Roma transmite "su aliento a todas las personas que, en el seno de la UNESCO, trabajan a favor de la alfabetización", pues, "al igual que el hambre, la pobreza y las enfermedades endémicas, el analfabetismo constituye uno de los mayores frenos al desarrollo".

Según el pontífice, la alfabetización "constituye una de las palancas más importantes para el desarrollo integral de las personas, haciendo que sean más capaces de orientarse por sí mismas y de participar más activamente en la vida pública".

Con la alfabetización, el Papa desea que "se dé una evolución hacia sociedades más instruidas y más solidarias", consolidando "una vida democrática capaz de asegurar la paz y la libertad", según él mismo ha expuesto en su nueva encíclica Caritas in Veritate (Cf. n 21).

El Papa pide a "los discípulos de Cristo que se impliquen con una intensidad particular en esta cantera de humanización que debe permitir también a los hombres acceder más libremente a las Sagradas Escrituras, cuya lectura y meditación muestra 'la eminente ciencia de Jesucristo'".

Deseando que la UNESCO involucre en el objetivo de la alfabetización a todos los países miembros, el mensaje concluye garantizando las bendiciones del Santo Padre para los colaboradores de esa institución.

Según ha explicado el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en un mensaje enviado con motivo del Día Internacional de la Alfabetización, aproximadamente 776 millones de adultos, la mayoría de ellos mujeres, carecen de un dominio sólido de los rudimentos de la lectura y la escritura y del cálculo aritmético.

sábado, 5 de septiembre de 2009

El Papa exhorta a la “formación ascética de las nuevas generaciones”


Mensaje al Convenio Ecuménico Internacional de Espiritualidad Ortodoxa


CIUDAD DEL VATICANO, viernes 4 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).-

Con ocasión del XVII Convenio Ecuménico Internacional de espiritualidad ortodoxa, Benedicto XVI augura que el "encuentro fraterno" suscite una conciencia renovadal valor de la lucha espiritual como consecuencia del amor de Cristo y un empeño generoso por la formación ascética de las nuevas generaciones".

Así lo dice el mensaje enviado en nombre del Pontífice al cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado vaticano, con ocasión de la que el Papa ha definido "una oportuna iniciativa", sobre el tema "La lucha espiritual en la tradición ortodoxa".

El mensaje está dirigido a Enzo Bianchi, prior del Monasterio de Bose, que hospitará el Convenio desde el 9 hasta el 12 de septiembre en colaboración con las Iglesias ortodoxas.

La iniciativa, explican los organizadores, "representa una importante ocasión de intercambio sobre temas esenciales de la vida espiritual, en el que las tradiciones del Oriente y del Occidente cristianos se cruzan con las profundas expectativas del hombre contemporáneo".

El dema de este año, reconocen, "toca el centro de un problema actualísimo: ¿qué impide al corazón del hombre amar en libertad? ¿Cómo vencer los fantasmas que habitan en él y que condicionan su voluntad?".

Ésta es, observan, "el arte de la lucha contra los 'pensamientos malvados', como la tradición define a esas imágenes, impulsos, inclinaciones negativas que turban la 'mente' distrayéndola del recuerdo de Dios y empujándola al pecado".

"Releer hoy la sabiduría de los Padres significa también plantearse una pregunta más radical, siempre presente en el fondo de las transformaciones de la modernidad: ¿Qué es en el fondo el pecado? ¿Qué es lo que hace verdaderamente libre o esclava la conciencia del hombre?", añaden.

Sobre estas preguntas se basará el diálogo entre teólogos, estudiosos y representantes de la Iglesia católica, de las Iglesias ortodoxas y de las reformadas.

Abrirán los trabajos el prólogo del prior de Bose y la relación del metropolita Filarete de Minsk, exarca patriarcal de Bielorrusia y presidente de la comisión teólogica del Patriarcado de Moscú, que afrontarán los fundamentos bíblicos y teológicos de la lucha espiritual.

En la jornada conclusiva se subrayarán la validez ecuménica y el significado para el hombre contemporáneo, en las intervenciones de los metropolitas Georges del Monte Líbano, del Patriarcado de Antioquía, y Kallistos de Diokleia, delegado del Patriarca de Constantinopla Bartolomé I.

Para la Iglesia católica se esperan el cardenal Roger Etchegaray, vice-decano del Sacro Colegio, el arzobispo Antonio Mennini, Nuncio Apostólico ante la Federación Rusa, monseñor Brian Farrell, secretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y el padre Milan Žust, s.j., del mismo dicasterio.

Durante las jornadas de trabajo intervendrán también algunos obispos de la Conferencia Episcopal Piamontesa, entre ellos el secretario, monseñor Arrigo Miglio, Obispo de Ivrea, y monseñor Gabriele Mana, obispo de Biella y ordinario del lugar.

Para el Patriarcado de Moscú participarán el obispo Amvrosij de Gatčina, rector de la Academia teológica de San Petersburgo y jefe de la delegación oficial, padre Dimitrij Ageev y el doctor Aleksej Dikarev, del Departamento para las Relaciones Externas. Participarán a los trabajos del convenio también el arzobispo Zosima de Elista y Kalmukija y el padre Pavel Velikanov, delegado del Rector de la Academia teológica de Moscú.

Estarán presentes delegados de la Iglesia ortodoxa ucraniana, de la Iglesia ortodoxa serbia, de la ortodoxa rumana, de la ortodoxa búlgara, de la Iglesia de Grecia, de la Iglesia aportólica armenia, del Patriarcado armenio de Constantinopla, de la Iglesia de Inglaterra y del Consejo Ecuménico de las Iglesias de Ginebra.

Los participantes provienen de 21 países. Estarán presentes también numerosos monjes y monjas de monasterios ortodoxos, católicos y reformados.

"Como figura en las mismas intenciones del proyecto científico del convenio -concluyen los organizadores-, los Convenios ecuménicos de espiritualidad ortodoxa desean ofrecer un espacio de encuentro fraterno entre las diversas iglesias cristianas, de comunión y de intercambio de sus multiformes tradiciones espirituales".