sábado, 26 de febrero de 2011

Benedicto XVI: Líbano, un mensaje de libertad y convivencia


Al recibir en audiencia al presidente de este país, Michel Sleiman


ROMA, jueves 24 de febrero de 2011 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI recibió este jueves en audiencia al Presidente de la República del Líbano, Michel Sleiman, que sucesivamente se encontró con el secretario de Estado vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, acompañado por el secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti.

“En el transcurso de los cordiales coloquios – hace saber una nota de la Sala de Prensa vaticana – se ha subrayado que el Líbano, con motivo de la presencia de diversas comunidades cristianas y musulmanas, representa un mensaje de libertad y de convivencia respetuosa no sólo para la Región, sino para el mundo entero”.

En el Líbano, de hecho, una pluralidad de religiones y de ritos convive en armonía, desde cuando sobre todo la Constitución del 23 de mayo de 1926 y el Pacto nacional de 1943 instauraron un régimen consociativo o de democracia de consenso.

De hecho, el Pacto nacional sancionó una subdivisión de los cargos públicos en base a la pertenencia religiosa: el presidente de la República debe ser cristiano maronita, permanece en el cargo seis años, y comparte el poder ejecutivo con el Consejo de Ministros, presidido por un musulmán de confesión sunní.

En particular, el artículo 9 de la Constitución declara que “la libertad de conciencia es absoluta” y que “el Estado, rindiendo homenaje al Altísimo, garantiza en la misma medida a las poblaciones, sea cual sea el rito al que pertenecen, el respeto de su estatuto personal y de sus intereses religiosos”.

“En este contexto – afirma la nota vaticana de hoy – la promoción de la colaboración y del diálogo entre las confesiones religiosas se revela cada vez más necesaria”.

“Se ha puesto de manifiesto – reitera la nota – la importancia del compromiso de las Autoridades civiles y religiosas por educar las conciencias a la paz y a la reconciliación, y se ha augurado que la formación del nuevo Gobierno favorezca la deseada estabilidad de la nación, llamada a afrontar importantes desafíos internos e internacionales”.

Durante los coloquios, se trató “sobre la situación de Oriente Medio, con particular referencia a los recientes acontecimientos en algunos países árabes, y se ha expresado la convicción común de que es urgente resolver los conflictos aún abiertos en la Región”.

“Finalmente – concluye la nota –, se ha dedicado particular a la situación de los cristianos en toda la región y a la contribución que estos pueden ofrecer para el bien de toda la sociedad”.

Ayer 23 de febrerola “Institución Maronita de la Diáspora” en Roma ofreció un almuerzo, con ocasión de la inauguración, por parte del Papa, de la estatua de san Marón en la Basílica de San Pedro (ver www.zenit.org/article-38383?l=spanish).

Durante el mismo, el Presidente Sleiman afirmó que la suerte de los cristianos en los distintos países no está ligada “al principio de la defensa personal o exterior, ni tampoco a la capacidad de tomar los elementos de la fuerza física y material, o al esfuerzo, por otra parte, de cerrarse o aislarse”.

El camino de salida, indicó, está “en conseguir formar parte de movimientos y regímenes nacidos de un pensamiento iluminado, en el seno de una nación justa, capaz de custodiar la libertad pública y de luchar contra el terrorismo y la corrupción, buscando el bien común sobre la base de la unidad nacional”.

Además, añadió, “es deber de todas las confesiones, las cristianas en particular, en este tiempo problemático, el emprender un esfuerzo de reconciliación ente todas las religiones y las confesiones, subrayando los puntos en común entre ellas, lejos del 'juego de la política de las naciones' y especialmente alejado de la política de los enfrentamientos, que emplea todo esfuerzo en el intento de apoyar a una una parte de la población a costa de la otra”.

En el ámbito internacional, subrayó, “Líbano ha tomado a pecho la 'causa palestina' y todas las preocupaciones de los árabes respecto a la incursión y la ocupación israelí”.

A propósito de esto, añadió que “durante la cumbre de Beirut en el año 2002, el país apoyó la iniciativa árabe por la paz, para la búsqueda de una solución justa e íntegra respecto a todos los aspectos del conflicto árabe-israelí, preservando su derecho legal a la defensa del propio territorio y para liberarlo con todos los medios lícitos y disponibles”.

“Uno de los puntos de mayor relevancia de esta iniciativa – concluyó – es el rechazo de englobar a los refugiados palestinos en los países árabes, porque, como en el caso del Líbano, su condición no permitiría este asentamiento”.


sábado, 12 de febrero de 2011

Benedicto XVI: la docta mansedumbre de san Pedro Canisio


Hoy en la Audiencia General


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 9 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció hoy sobre san Pedro Canisio, dentro de su recién comenzado ciclo sobre Doctores de la Iglesia, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.

* * * * *

Hoy querría hablaros de san Pedro Kanis, Canisio en la forma latina de su apellido, una figura muy importante en el s.XVI católico. Nació el 8 de mayo de 1521 en Nimega Holanda. Su padre era el alcalde de la ciudad. Mientras estudiaba en la Universidad de Colonia, frecuentó a los monjes cartujos de santa Bárbara, un centro propulsor de la vida católica, y a otros hombres píos que cultivaban la espiritualidad llamada devotio moderna. Entró en la Compañía de Jesús el 8 de mayo de 1543 en Maguncia (Renania-Palatinado), después de haber seguido un curso de ejercicios espirituales bajo la supervisión del beato Pierre Favre, Petrus Faber, uno de los primeros compañeros de san Ignacio de Loyola. Se ordenó sacerdote en junio de 1546 en Colonia, y al año siguiente, estuvo presente en el Concilio de Trento como teólogo del obispo de Austria, cardenal Otto Truchsess von Waldburg, donde colaboró con dos hermanos, Diego Laínez e Alfonso Salmerón.

En 1548, san Ignacio le hizo completar su formación espiritual en Roma y lo envió después al Colegio de Messina a ejercitarse en humildes servicios domésticos. Consiguió en Bolonia el doctorado en teología el 4 de octubre de 1549, y después fue enviado al apostolado a Alemania por san Ignacio. El 2 de septiembre de ese año, el 1549, visitó al Papa Pablo III en Castelgandolfo y después de esto fue a la Basílica de San Pedro a orar. Allí imploró la ayuda de los grandes Apóstoles Pedro y Pablo, para que diesen una eficacia permanente a la Bendición Apostólica, con miras a su gran destino, la nueva misión. En su diario, escribió algunas palabras de la oración que realizó: “Allí he sentido que un gran consuelo y la presencia de la gracia me eran concedidas por medio de estos intercesores (Pedro y Pablo). Ellos confirmaban mi misión en Alemania y parecían transmitirme, como apóstol de Alemania, el apoyo de su benevolencia. Tú conoces Señor, de que manera y cuantas veces en ese mismo día me has confiado Alemania, a la que luego cuidaré y por la cual deseo vivir y morir”.

Debemos tener presente que nos encontramos en el tiempo de la Reforma luterana, en el momento en que la fe católica en los países de lengua germánica, ante la fascinación de la Reforma, parecía que se apagaba. Era un deber casi imposible el de Canisio, encargado de revitalizar, de renovar la fe católica en los países germanos. Sólo era posible con la fuerza de la oración. Era posible solo desde la base, es decir desde una amistad profunda con Jesucristo; amistad con Cristo en su Cuerpo, la Iglesia, que se alimenta en la Eucaristía, Su presencia real.

Siguiendo la misión recibida de Ignacio y del Papa Pablo III, Canisio partió hacia Alemania y partió antes que nada hacia el Ducado de Baviera, que durante muchos años fue sede de su ministerio. Como decano, rector y vicecanciller de la Universidad de Ingolstadt, cuidó la vida académica del Instituto y de la reforma religiosa y moral del pueblo. En Viena, donde por un breve tiempo fue administrador de la Diócesis, desarrolló el ministerio pastoral en los hospitales y las cárceles, sea en la ciudad como en el campo, y preparó la publicación de su Catecismo. En 1556 fundó el Colegio de Praga y hasta el 1569, fue el primer superior de la provincia jesuita de la Alemania Superior.

Entre estas tareas, estableció en los países germánicos una densa red de comunidades de su Orden, especialmente de Colegios, que fueron puntos de partida para la reforma católica, para la renovación de la fe católica. En este tiempo participó también en el Coloquio de Worms con los dirigentes protestantes, entre los que estaba Felipe Melantchon (1557); ejerció la función de Nuncio Pontificio en Polonia (1558; participó en las dos Dietas de Augusta (1559 y 1565); acompañó al cardenal Estanislao Hozjusz, enviado del Papa al Emperador Fernando (1560); interviene en la Sesión Final del Concilio de Trento, donde habló sobre la cuestión de la Comunión bajo las dos especies y sobre el Índice de Libros Prohibidos (1562).

En 1580 se retiró a Friburgo en Suiza, dedicado totalmente a la predicación y a la composición de sus obras, allí murió el 21 de diciembre de 1597. Beatificado por el beato Pío IX en 1864, fue proclamado en 1897 segundo Apóstol de Alemania por el Papa León XIII, y canonizado por el Papa Pío XI y también proclamado Doctor de la Iglesia en 1925.

San Pedro Canisio transcurrió buena parte de su vida en contacto con las personas socialmente más importantes de su tiempo y ejerció una influencia especial con sus escritos. Fue editor de las obras completas de san Cirilo de Alejandría y de san León Magno, de las Cartas de san Jerónimo y de las Oraciones de san Nicolás de Flüe. Publicó libros de devoción en varias lenguas, las biografías de algunos santos suizos y muchos textos de homilética. Pero sus escritos más difundidos fueron los tres Catecismos elaborados entre el 1555 y el 1558. El primero estaba destinado a los estudiantes a un nivel de comprensión de las nociones elementales de teología; el segundo a los niños del pueblo para una primera instrucción religiosa; el tercero a jóvenes con una formación escolástica de escuela media o superior. La doctrina católica estaba expuesta a base de preguntas y respuestas, brevemente, en términos bíblicos, con mucha claridad y sin menciones críticas.

¡Sólo en el tiempo de su vida se hicieron 200 ediciones de este Catecismo! Y se sucedieron cientos de ediciones hasta el s.XX. Así en Alemania, todavía en la generación de mi padre, la gente llamaba al Catecismo, simplemente el Canisio: es realmente el catequista de los siglos, ha formado la fe de las personas durante siglos.

Es, esta, una característica de san Pedro Canisio: saber componer armoniosamnete la fidelidad a los principios dogmáticos con el debido respeto a cada persona. San Canisio ha distinguido la apostasía consciente, culpable, de la fe, de la pérdida de la fe inocente, por las circunstancias. Y ha declarado, frente a Roma, que la mayor parte de los alemanes pasaron al Protestantismo sin culpa. En un momento histórico de fuertes contrastes confesionales, evitaba -esta es una cosa extraordinaria- la aspereza y la retórica de la ira -cosa rara como he comentado, en esos tiempos y en las discusiones entre los cristianos- y se preocupaba sólo de la presentación de las raíces espirituales y de la revitalización de la fe en la Iglesia. Para esto le sirvió mucho el amplio y penetrante conocimiento que tenía de las Sagradas Escrituras y de los Padres de la Iglesia: el mismo conocimiento que sobresalía de su personal relación con Dios y la austera espiritualidad que derivaba de la devotio moderna y de la mística renana.

La característica de la espiritualidad de san Canisio es una profunda amistad con Jesús. Por ejemplo escribió el 4 de septiembre de 1549 en su diario, hablando con el Señor: “Tú, al final, como si me pudieses abrir el corazón del Santísimo Cuerpo, que me parecía ver delante de mí, me has mandado beber en esa fuente, invitándome por decir así a sacar las aguas de mi salvación de tus fuentes , oh mi Salvador”. Se ve que el Salvador le da un vestido con tres partes que se llaman paz, amor y perseverancia. Y con este vestido compuesto de paz, amor y perseverancia, Canisio ha realizado su obra de renovación del catolicismo. Esta amistad con Jesús – que es el centro de su personalidad- nutrida por el amor a la Biblia, por el amor al Sacramento, por el amor de los Padres, esta amistad estaba claramente unida a la consciencia de ser en la Iglesia un continuador de la misión de los Apóstoles. Y esto nos recuerda que todo evangelizadores siempre un instrumento unido, y por eso mismo fecundo, con Jesús y con su Iglesia.

San Pedro Canisio se había formado en esta amistad con Jesús en el ambiente espiritual de la Cartuja de Colonia, en la que había mantenido estrecho contacto con dos místicos cartujos Johann Lansperger, latinizado como Lanspergius, y Nicolas van Hesche, latinizado como Eschius. Más tarde profundizó la experiencia de esta amistad, familiaritas stupenda nimis, con la contemplación de estos misterios de la vida de Jesús, que ocupan una gran parte en los Ejercicios espirituales de san Ignacio. Su intensa devoción por el Corazón del Señor, que culminó en la consagración al ministerio apostólico en la Basílica Vaticana, encuentra aquí su fundamento.

En la espiritualidad cristocéntrica de san Pedro Canisio hay un profundo convencimiento: no hay alma cuidadosa de la propia perfección que no practique cada día la oración mental, medio ordinario que permite al discípulo de Jesús vivir la intimidad con el Maestro divino. Por esto, en los escritos destinados a la educación espiritual del pueblo, nuestro santo insiste en la importancia de la Liturgia con los comentarios a los Evangelios, de las fiestas, del rito de la santa Misa y de los otros Sacramentos, pero, al mismo tiempo, tiene cuidado de mostrar a los fieles la necesidad y la belleza de que la oración personal diaria acompañe y permee la participación en el culto publico de la Iglesia

Se trata de una exhortación y de un método que conservan intacto su valor, especialmente después de que han sido propuestos nuevamente por el Concilio Vaticano II en la constitución Sacrosanctum Concilium: la vida cristiana no crece sino es alimentada por la participación en la Liturgia, en modo particular en la santa misa dominical, y por la oración personal diaria, por el contacto personal con Dios. En medio de muchas actividades y múltiples estímulos que nos rodean, es necesario encontrar cada día los momentos de recogimiento delante del Señor para escucharlo y hablar con Él.

Al mismo tiempo, es siempre actual y de valor permanente el ejemplo que san Pedro Canisio nos ha dejado, no sólo en sus obras, sino sobre todo con su vida. Él nos enseña con claridad que el ministerio apostólico es robusto y produce frutos de salvación en el corazón, sólo si el predicador es un testigo personal de Jesús y sabe ser instrumento a su disposición, estrechamente unido a Él por la fe en su Evangelio y en su Iglesia, por una vida moralmente coherente y por una oración incesante como el amor. Y esto vale para cada cristiano que quiera vivir con esfuerzo y fidelidad su adhesión a Cristo. Gracias.

[En español dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a vivir con empeño y fidelidad la adhesión a Cristo, a ejemplo de San Pedro Canisio. Encomendaos a su intercesión, pidiendo a Dios que vuestro apostolado produzca frutos de salvación, siendo testigos de Jesús e instrumentos suyos, con una vida moralmente coherente y una oración incesante. Muchas gracias.

[En italiano dijo]

Mi pensamiento se dirige finalmente a los jóvenes y a los recién casados. Celebramos ayer la memoria litúrgica de san Jerónimo Emiliano, fundador de los Somaschi y de santa Josefina Bakhita, hija de África que se convirtió en hija de la Iglesia. La valentía de estos testigos fieles a Cristo os ayude a vosotros, queridos jóvenes, para abrir vuestro corazón al heroísmo de la santidad en la existencia de cada día. Os sostenga a vosotros , queridos enfermos, en el perseverar con paciencia a ofrecer vuestra oración y vuestro sufrimiento por toda la Iglesia. Y os dé a vosotros, queridos recién casados, la valentía de convertir vuestras familias en comunidades de amor, que reflejen los valores cristianos.I



[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez]

sábado, 5 de febrero de 2011

Justicia de la Iglesia es requisito mínimo e indispensable de la caridad, dice el Papa

VATICANO, 04 Feb. 11 / 11:10 am (ACI/EWTN Noticias)


Al recibir esta mañana a los participantes de la asamblea plenaria del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica en el Vaticano, el Papa Benedicto XVI señaló que la justicia de la Iglesia es un requisito mínimo e indispensable para que los cristianos realicen su identidad de comunidad de amor y caridad.

En su discurso a los encargados de la "promoción de la recta administración de la justicia en la Iglesia", el Santo Padre recordó que "efectivamente la función de este Tribunal no se limita al ejercicio supremo de la función judicial, sino que reconoce como su tarea, en el ámbito ejecutivo, la vigilancia sobre la recta administración de la justicia en el Cuerpo eclesial".

"Se trata de una obra coordinada y paciente, encaminada sobre todo a facilitar a los fieles una administración de la justicia recta, puntual y eficiente, como solicité en la exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum caritatis".

El Papa recordó que en esa exhortación se refirió también a la instrucción "Dignitas connubii" que "da a los moderadores y ministros de los tribunales, en forma de vademecum, las normas necesarias para que las causas de nulidad matrimonial se traten y definan de la forma más rápida y segura".

"La actividad de la Signatura Apostólica está dirigida a que los tribunales eclesiásticos estén presentes en el territorio y a que su ministerio sea adecuado a las justas exigencias de rapidez y sencillez a que tienen derecho los fieles en la gestión de sus causas".

"Sin embargo, la vigilancia sobre la recta administración de la justicia sería carente si no comprendiera también la función de tutela de la recta jurisprudencia. Por eso, os exhorto a reflexionar también estos días sobre la recta jurisprudencia que hay que proponer a los tribunales locales en materia de 'error iuris' como motivo de nulidad matrimonial".

El Papa dijo luego que el Tribunal de la Signatura Apostólica "se dedica también a otro delicado ámbito de la administración de justicia, que le confió el Siervo de Dios Pablo VI; la Signatura trata, efectivamente, las controversias surgidas por un acto de la potestad administrativa eclesiástica y a ella remitidas a través de un recurso legítimamente propuesto contra actos administrativos singulares emanados o aprobados por los dicasterios de la Curia Romana".

"Se trata de un servicio de importancia capital: la predisposición de instrumentos de justicia -de la pacífica composición de las controversias hasta el tratamiento y definición judicial de las mismas- constituye el ofrecimiento de un lugar de diálogo y de restablecimiento de la comunión en la Iglesia".

Seguidamente indicó que "si es verdad que la injusticia se afronta sobre todo con las armas espirituales de la oración, la caridad, el perdón y la penitencia. No se puede excluir, en algunos casos, la oportunidad y la necesidad de afrontarla con los instrumentos procesales. Estos constituyen, en primer lugar, lugares de diálogo, que a veces conducen a la concordia y la reconciliación".

En otros casos, "cuando no sea posible componer la controversia pacíficamente, el desarrollo del proceso contencioso administrativo comportará la definición judicial de la controversia: también en este caso la actividad del Tribunal Supremo apunta al restablecimiento de la comunión eclesial, o sea, al restablecimiento de un orden objetivo conforme al bien de la Iglesia".

Benedicto XVI destacó luego que "la justicia que la Iglesia persigue a través del proceso contencioso administrativo puede considerarse como inicio, exigencia mínima y al mismo tiempo expectativa de caridad, indispensable e insuficiente al mismo tiempo, si se compara con la caridad de que vive la Iglesia. Asimismo, el Pueblo de Dios, peregrino en la tierra, no podrá realizar su identidad de comunidad de amor si no se tiene en cuenta las exigencias de la justicia".

Finalmente señaló que "a María Santísima, Speculum iustitiae y Regina pacis, confío el precioso y delicado ministerio que la Signatura Apostólica desarrolla al servicio de la comunión en la Iglesia, mientras expreso a cada uno mi estima y aprecio. Sobre ustedes y su labor cotidiana invoco la luz del Espíritu Santo e imparto a todos mi Bendición Apostólica".