domingo, 25 de abril de 2010

Iglesia Católica pide respetar su derecho a expresarse públicamente, dice el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 24 Abr. 10 / 08:42 am (ACI)

Al recibir esta mañana las cartas credenciales del nuevo embajador de Bélgica ante la Santa Sede, Charles Ghislain, el Papa Benedicto XVI señaló que la Iglesia Católica tiene el derecho a expresarse públicamente, a anunciar el mensaje que puede resumirse en las palabras del Evangelio de San Juan: "Dios es amor". Esta facultad, dijo el Santo Padre, debe ser respetada incluso por quienes no piensan igual.

Al iniciar su discurso en francés, el Pontífice expresó su cercanía y solidaridad por las dolorosas tragedias ocurridas en Liège y Buizingen. "Estas catástrofes no hacen sino medir la fragilidad de la existencia humana y la necesidad, para protegerla, de una auténtica cohesión social, que no oscurece la legítima diversidad de opiniones", dijo.

"Ella reposa en la convicción de que la vida y la dignidad humana constituyen un bien precioso que debe defenderse y promoverse con firmeza apoyándose en el derecho natural".

Benedicto XVI se refirió luego a la gran contribución de la Iglesia en la cultura, vida e historia de Bélgica, tarea que realiza "con alegría al ponerse al servicio de todos los componentes de la sociedad belga".

Sin embargo, prosiguió, "no parece inútil subrayar que Ella posee, como institución, el derecho a expresarse públicamente. Lo comparte con todos los individuos y todas las instituciones para expresar su opinión sobre los asuntos de interés común. La Iglesia respeta la libertad para todos de pensar distinto a ella, y también Ella quiere que sea respetado su derecho de expresión".

El Papa resaltó luego que "la Iglesia es la depositaria de una enseñanza, de un mensaje religioso que ha recibido de Cristo Jesús. Éste puede resumirse en estas palabras de la Escritura Santa: ‘Dios es amor’ y proyecta su luz sobre el sentido de la vida personal, familiar y social del hombre. La Iglesia, teniendo como objetivo el bien común, no reclama otra cosa sino la libertad de poder proponer este mensaje, sin imponerlo a nadie, en el respeto de la libertad de conciencias".

Tras poner de ejemplo del fruto de las raíces cristianas de Bélgica al Apóstol de los leprosos, San Damián de Veuster, el Santo Padre comentó que su testimonio permite comprender "a todos que el Evangelio es una fuerza en la que no hay lugar para el miedo. Estoy convencido de que, pese a las evoluciones sociológicas, el terreno cristiano es todavía rico en vuestra tierra. Puede nutrir generosamente el compromiso de un creciente número de voluntarios que, inspirados por los principios evangélicos de fraternidad y solidaridad, acompañan a las personas que viven dificultades y que, por esta razón, necesitan ser ayudados".

Seguidamente Benedicto XVI se refirió a la "vocación europea" de Bélgica y saludó a la comunidad católica del país, comenzando por los obispos. A todos los miembros de la Iglesia en este país los invitó a "testimoniar su fe con audacia. En sus actividades en la ciudad, que hagan valer plenamente su derecho de proponer los valores que respeten la naturaleza humana y que corresponden a las aspiraciones espirituales más profundas y más auténticas de la persona".

Finalmente el Santo Padre impartió su bendición al pueblo belga y lo confió a la protección de la Virgen María y de San Damián de Veuster.